Adrian Correa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy me acerqué a tu orilla
quería verte cambiado,
de un soplo tiraste mi silla
estabas realmente enojado.
quería verte cambiado,
de un soplo tiraste mi silla
estabas realmente enojado.
Tus olas iban creciendo
y con furia castigaban,
a las rocas maldiciendo
porque el paso te cerraban.
y con furia castigaban,
a las rocas maldiciendo
porque el paso te cerraban.
Las pobres gaviotas asustadas
volaban buscando su nido,
se veían como dulces hadas
sumidas en un juego divertido.
volaban buscando su nido,
se veían como dulces hadas
sumidas en un juego divertido.
La arena sobre mi piel
ya me causaba dolor,
y me quede siéndote fiel
para gozar tu esplendor.
ya me causaba dolor,
y me quede siéndote fiel
para gozar tu esplendor.
Y presentí que llegaba
el momento culminante,
cuando un estruendo sonaba
temerario y dominante.
el momento culminante,
cuando un estruendo sonaba
temerario y dominante.
Vi los rayos y centellas
caer sobre tu figura,
como marcando la huella
directo hacia tu bravura.
caer sobre tu figura,
como marcando la huella
directo hacia tu bravura.
Y después llegó la calma
tras la tormenta de verano,
arrodillado acaricio tu tibia agua
como calmando a un hermano.
tras la tormenta de verano,
arrodillado acaricio tu tibia agua
como calmando a un hermano.
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