ricardinalgra
Poeta que considera el portal su segunda casa
El agobio oprimente de los aires más pesados
que aplastan la quietud de cuadro inmóvil
sin contrastes porque al sol se lo ha llevado
un eclipse de nubes provenientes de lo oscuro
se altera apenas por el vuelo enloquecido del insecto
Luego la luz intensa y fugaz de un refucilo
y otro allá lejos y otro más cercano en bombardeo...
Un bramido retrasado estremece lo pasivo del paisaje
y después del trueno el silencio del espanto
al que se llaman los sapos y las ranas
y ya millones de gotas que caen difuminan
la visión del campo desde atrás de la ventana.
Al abrigo parcial, dudoso y relativo
que nos protege de la furia inusitada
con que natura nos sacude esta mañana
castigando con rayos, truenos y temblores
oímos volver el concierto de sapos y de ranas
mientras al borde de los charcos vivos desiguales
cuando cesa la estampida vertical en su caída
y entre un chispeo de tormenta ahora arrepentida
caminan señoriales y eligen los horneros y calandrias
a la lombriz que flotó desesperada
o al grillo topo que se arrastra casi ahogado...
Las gotas escasas están en franca retirada
un tero grita anunciando el final del episodio
cuando entre las nubes un manchón de cielo claro
ilumina abajo el vapor que asciende desde el verde
brillante por puntitos de agua diminuta atesorada
obsequiadora del aroma de la tierra bien mojada
que al subir en su paseo entra por ya la ventana
y se confunde con recuerdos ancestrales y se pierde
entre el primitivo instinto aliviador que suave se establece
tras el estremecimiento visceral de la tormenta...
que aplastan la quietud de cuadro inmóvil
sin contrastes porque al sol se lo ha llevado
un eclipse de nubes provenientes de lo oscuro
se altera apenas por el vuelo enloquecido del insecto
Luego la luz intensa y fugaz de un refucilo
y otro allá lejos y otro más cercano en bombardeo...
Un bramido retrasado estremece lo pasivo del paisaje
y después del trueno el silencio del espanto
al que se llaman los sapos y las ranas
y ya millones de gotas que caen difuminan
la visión del campo desde atrás de la ventana.
Al abrigo parcial, dudoso y relativo
que nos protege de la furia inusitada
con que natura nos sacude esta mañana
castigando con rayos, truenos y temblores
oímos volver el concierto de sapos y de ranas
mientras al borde de los charcos vivos desiguales
cuando cesa la estampida vertical en su caída
y entre un chispeo de tormenta ahora arrepentida
caminan señoriales y eligen los horneros y calandrias
a la lombriz que flotó desesperada
o al grillo topo que se arrastra casi ahogado...
Las gotas escasas están en franca retirada
un tero grita anunciando el final del episodio
cuando entre las nubes un manchón de cielo claro
ilumina abajo el vapor que asciende desde el verde
brillante por puntitos de agua diminuta atesorada
obsequiadora del aroma de la tierra bien mojada
que al subir en su paseo entra por ya la ventana
y se confunde con recuerdos ancestrales y se pierde
entre el primitivo instinto aliviador que suave se establece
tras el estremecimiento visceral de la tormenta...
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