Antonio González
Poeta recién llegado
Las pomposas negras nubes
cubren el azul del cielo
y oscurecen la claridad día
trocando el azul en negro,
como la ropa del duelo,
como ceguera de ciego
como el dolor del alma mía
De ellas, como un reproche,
nace una luz cegadora
más brillante que el fuego
de violenta presencia
y apariencia transgresora
que ilumina la noche
e incendia las tinieblas
por un segundo muy intenso
para pronto desaparecer luego
dejando rastro de su ausencia.
Ese rayo que refiero
es de un brillo tan sincero
puro, cristalino y fiero
como el refulgir del acero
que al albor del amanecer
se bate con otro en duelo
produciendo escalofríos,
temores y grandes miedos
pues al aire a su paso hender,
más veloz que el mismo viento,
hace vibrar con denuedo,
produciendo un sonido intenso
que asusta con su estruendo,
quizá incluso al mismo Zeus.
es ese canto del cielo
que Rosario, mi ancestro,
la mujer de mi abuelo Diego,
me contaba era que, por enfado,
movía los muebles San Pedro,
unos lo vieron como divino
y hoy lo conocemos por trueno.
Tormenta hipnótica
tormenta funesta
tormenta incruenta
tormenta indómita.
De ella estoy enamorado
por su portentosa belleza
pues es como ver al cielo
luchar contra la misma tierra
para domarla y hacerla
suya con su imponencia.
Mas la tierra no se deja,
sorda y ciega la presencia,
sin mostrar afán alguno
por someterse a ella
que tantas veces hace intento
y tantas otras lo intenta.
Hoy truena en Madrid
y parece que éste sea
de la tierra el sucumbir,
la pinta tiene muy fea
pues truena sin parar ni morir.
Puede que sea la eterna
tormenta con final y sin fin
que lleve a mi amada gea
harta de tanto sufrir
a ceder ante su fuerza,
y bajo su yugo vivir.
Espero que no sea el caso
y que la tormenta de verano
deje paso al cielo claro
y que la bella luz del día
vuelva a sentir mañana
para que mis manos
por la clara luz bañadas
puedan al trueno y el rayo
seguir haciendo poesía.
cubren el azul del cielo
y oscurecen la claridad día
trocando el azul en negro,
como la ropa del duelo,
como ceguera de ciego
como el dolor del alma mía
De ellas, como un reproche,
nace una luz cegadora
más brillante que el fuego
de violenta presencia
y apariencia transgresora
que ilumina la noche
e incendia las tinieblas
por un segundo muy intenso
para pronto desaparecer luego
dejando rastro de su ausencia.
Ese rayo que refiero
es de un brillo tan sincero
puro, cristalino y fiero
como el refulgir del acero
que al albor del amanecer
se bate con otro en duelo
produciendo escalofríos,
temores y grandes miedos
pues al aire a su paso hender,
más veloz que el mismo viento,
hace vibrar con denuedo,
produciendo un sonido intenso
que asusta con su estruendo,
quizá incluso al mismo Zeus.
es ese canto del cielo
que Rosario, mi ancestro,
la mujer de mi abuelo Diego,
me contaba era que, por enfado,
movía los muebles San Pedro,
unos lo vieron como divino
y hoy lo conocemos por trueno.
Tormenta hipnótica
tormenta funesta
tormenta incruenta
tormenta indómita.
De ella estoy enamorado
por su portentosa belleza
pues es como ver al cielo
luchar contra la misma tierra
para domarla y hacerla
suya con su imponencia.
Mas la tierra no se deja,
sorda y ciega la presencia,
sin mostrar afán alguno
por someterse a ella
que tantas veces hace intento
y tantas otras lo intenta.
Hoy truena en Madrid
y parece que éste sea
de la tierra el sucumbir,
la pinta tiene muy fea
pues truena sin parar ni morir.
Puede que sea la eterna
tormenta con final y sin fin
que lleve a mi amada gea
harta de tanto sufrir
a ceder ante su fuerza,
y bajo su yugo vivir.
Espero que no sea el caso
y que la tormenta de verano
deje paso al cielo claro
y que la bella luz del día
vuelva a sentir mañana
para que mis manos
por la clara luz bañadas
puedan al trueno y el rayo
seguir haciendo poesía.