Luis Adolfo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Da comienzo el ritual:
amaga la sibila,
ya la sombra.
La sangre del crepúsculo
hiere la lenta tarde.
La claridad se rinde,
entrega su apariencia
a la núbil tirana
—oh torva noche incipiente—.
Una fúlgida tilde
acentúa el misterio
de lo desconocido.
La oronda oscuridad
se lo ha tragado todo.
Hacía unos minutos,
parecían las cárdenas
nubes frondosas copas
de selváticos árboles.
Desde mi ventana veo
escuadras de relámpagos,
el bermellón del miedo.
Nada queda de aquel
camino ancho
que atravesaba el parque;
sólo este paisaje
encendido de luz
ante mis ojos negros.
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