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Torrencial

César Guevar

Poeta que considera el portal su segunda casa
Noches de domingo...

Algo se pierde, se va, se vuelve inaccesible

Algo inefable, doloroso,
torrencial, inexplicable.

Algo de carne del alma quizás,
arteria derrotada en presuroso río.

Algo de horas lentas y ríspidos silencios, dientes, dientes...

Algo, no sé qué, de lo que se llevó a Vallejo en el cisne azul de la tristeza.
 
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Noches de domingo...

Algo se pierde, se va, se vuelve inaccesible

Algo inefable, doloroso,
torrencial, inexplicable.

Algo de carne del alma quizás,
arteria derrotada en traslúcido lago.

Algo de horas lentas y ríspidos silencios, dientes, dientes...

Algo, no sé qué, de lo que se llevó a Vallejo en el cisne azul de la tristeza.
Triste melodía.
Horas silenciosas y despiadadas.
Es un honor llegar hasta sus apuntes.

Saludos
 
..."Un día del cual tengo ya el recuerdo"
"Tal vez un día jueves..."

Igual voy a morir. Como todos... Ojalá y sea antes de que tenga que hacerlo por mi mano. No sé si tendré tal valentía.

A usted, gracias por venir, por entender.

Según el Señor Borges cabe la posibilidad estadística por el cual alguno de nosotros sea inmortal, no sé si eso es un aliciente, o por el contrario, un infierno del azar, José Luis sabia manejar esas ironías. Otra cosa que quería decir a raíz de su comentario sobre la señora implacable es que, disculpe mi falta de humildad o_O, hace muchísimos años yo deje en este portal un poema que me gustaría compartir con usted y que su hilo conductor es la muerte como tema, esa bella muerte que a todos nos espera o talvez no, quién sabe.



“Todos mis huesos son ajenos,/ yo tal vez los robé./ Yo vine a darme lo que acaso estuvo/ asignado para otros”.​

 
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Según el Señor Borges cabe la posibilidad estadística por el cual alguno de nosotros sea inmortal, no sé si eso es un aliciente, o por el contrario, un infierno del asar, José Luis sabia manejar esas ironías. Otra cosa que quería decir a raíz de su comentario sobre la señora implacable es que, disculpe mi falta de humildad o_O, hace muchísimos años yo deje en este portal un poema que me gustaría compartir con usted y que su hilo conductor es la muerte como tema, esa bella muerte que a todos nos espera o talvez no, quién sabe.



“Todos mis huesos son ajenos,/ yo tal vez los robé./ Yo vine a darme lo que acaso estuvo/ asignado para otros”.​


Una cínica, tal vez sádica, jugarreta del azar, estoy seguro. Imagínese recorrer los siglos viendo las mismas estupideces cometidas una y otra vez por seres que aún ancianos se comportan infantiles, inmaduros, necios: capaces de asesinar pueblos por placer, por territorio, por dinero, por enfermiza necesidad de poder... capaces de reservarse el vellocino de oro solo para el otro no lo tenga; capaces de hacer infelices a todos solo para intentar autosatisfacerse sin lograrlo.

Siempre le recomiendo a mis mujeres amigas, las que creo inteligentes y amigas, que si quieren conocer la verdad recreada más aproximada al corazón de un hombre, deben leer una ficción escrita por Mika Waltari, allá por los años 60: Sinuhé el egipcio. Ninguna me ha hecho caso, por cierto... será que en verdad son inteligentes.

Esa clase de corazón rojo y poesía de la que bien supo Waltari impregnar a Sinuhé (y a su criado Captah, sobre todo) es la que consigo en su Mariposa negra vestida de tules, que tuvo a bien compartirme. ¿No se tratará de la Martita, verdad? Le agradezco y felicito. Cuesta leer poesía, y lo suyo es un frasco pequeño y valioso de élla.

Le saludo de noche. De profunda noche, compañero. ¡Qué hermosa es la noche, por cierto! Yo solo pediría, al contrario del César peruano, morir con ella, con la noche y no a luz del día. Aupado por su caricia de oscuro terciopelo, halado sin fin, por su infinito, desaparecido en el vórtice de su misterio. Vine a la luz de noche; de noche quisiera poder irme.
 
Una cínica, tal vez sádica, jugarreta del azar, estoy seguro. Imagínese recorrer los siglos viendo las mismas estupideces cometidas una y otra vez por seres que aún ancianos se comportan infantiles, inmaduros, necios: capaces de asesinar pueblos por placer, por territorio, por dinero, por enfermiza necesidad de poder... capaces de reservarse el vellocino de oro solo para el otro no lo tenga; capaces de hacer infelices a todos solo para intentar autosatisfacerse sin lograrlo.

Siempre le recomiendo a mis mujeres amigas, las que creo inteligentes y amigas, que si quieren conocer la verdad recreada más aproximada al corazón de un hombre, deben leer una ficción escrita por Mika Waltari, allá por los años 60: Sinuhé el egipcio. Ninguna me ha hecho caso, por cierto... será que en verdad son inteligentes.

Esa clase de corazón rojo y poesía de la que bien supo Waltari impregnar a Sinuhé (y a su criado Captah, sobre todo) es la que consigo en su Mariposa negra vestida de tules, que tuvo a bien compartirme. ¿No se tratará de la Martita, verdad? Le agradezco y felicito. Cuesta leer poesía, y lo suyo es un frasco pequeño y valioso de élla.

Le saludo de noche. De profunda noche, compañero. ¡Qué hermosa es la noche, por cierto! Yo solo pediría, al contrario del César peruano, morir con ella, con la noche y no a luz del día. Aupado por su caricia de oscuro terciopelo, halado sin fin, por su infinito, desaparecido en el vórtice de su misterio. Vine a la luz de noche; de noche quisiera poder irme.

:cool: Martita es única y sobre todo esta llena de vida tiene esa cosa vital de muchacha de pueblo hecha para el amor tan necesario como el pan o como el agua. Usted mi amigo póngale el nombre que quiera pero siempre tenga una Martita desnuda y en lo oscuro para alejar la muerte.



:)
 
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:cool: Martita es única y sobre todo esta llena de vida tiene esa cosa vital de muchacha de pueblo hecha para el amor tan necesario como el pan o como el agua. Usted mi amigo póngale el nombre que quiera pero siempre tenga una Martita desnuda y en lo oscuro para alejar la muerte.



:)

Oye, ¡Qué canción tan buena! Conozco algo de la música de Roy Brown, pero no había escuchado este tema extraordinario. De él canto a veces, bueno, si se le puede llamar "cantar" a chapucear una pobre guitarra y emitir ladridos-maullidos-aullidos con ella, "Boricua en la luna". Y siempre quise aprenderme "árboles", también de él, pero hacen falta muchas más neuronas de las que en suerte me quedan, para lograrlo.

Respecto a la Martita, por supuesto. Aunque aquí el tema rural no sea el predominante. Aquí lo es el urbano, el de arrabal, el de vibrante necesidad y alegría porque sí, porque no se puede vivir triste ni que a una chica le caigan encima todas las calamidades. El de la ética sencilla (pero ética) de la labor bien hecha... así la labor sea darle un rato de placer a un desconocido en un hotel, por monedas que jamás podrán pagar, ni de lejos, tal regalo: el de una mujer -por cierto- desnuda y en lo oscuro.
 
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