BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y estoy contigo, hermano
entre travesías horrísonas que malversan
nuestras existencias metódicamente confusas:
estoy entre esas vértebras retóricas que anegan
de suplicios la ley divina y entre espejos que prostituyen
nuestra más sagrada violencia. Estoy
contigo, en el exterior de tablas inundadas
con el rabo erecto esperando por ínfimas concurrencias,
reuniones de sexos, conciertos de vulvas. Estoy
más allá de la raíz matemática del sexo omitido,
de las academias destruidas bajo el peso del barro y la nada,
con las adecuadas interioridades de un ejército insoslayable.
Estoy, confiado sobre coníferas duraderas de cuerpo entero,
con catedrales ignominiosas que conculcan nuestros más íntimos
anhelos, con deterioradas botellas que emancipa una siniestra
legislación inhabitable: con aquellas manos derruidas que buscan
la penetración de un sexo en total extensión fecunda.
©
entre travesías horrísonas que malversan
nuestras existencias metódicamente confusas:
estoy entre esas vértebras retóricas que anegan
de suplicios la ley divina y entre espejos que prostituyen
nuestra más sagrada violencia. Estoy
contigo, en el exterior de tablas inundadas
con el rabo erecto esperando por ínfimas concurrencias,
reuniones de sexos, conciertos de vulvas. Estoy
más allá de la raíz matemática del sexo omitido,
de las academias destruidas bajo el peso del barro y la nada,
con las adecuadas interioridades de un ejército insoslayable.
Estoy, confiado sobre coníferas duraderas de cuerpo entero,
con catedrales ignominiosas que conculcan nuestros más íntimos
anhelos, con deterioradas botellas que emancipa una siniestra
legislación inhabitable: con aquellas manos derruidas que buscan
la penetración de un sexo en total extensión fecunda.
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