Lírico.
Exp..
Totum revolutum
Un totum revolutum, llega el tiempo
que contradice el tiempo en su costumbre
y debo acostumbrarme, y no estoy solo
pero me siento solo cuando miro
mi sombra por la calle, las arrugas
apenas incipientes de mi rostro;
solo cuando camino y cuando sueño
a solas con mis pájaros y piedras
de algún frío desierto. Solamente
me siento solo y salgo de mí mismo
para después buscarme en ese centro
que siempre se me escurre de las manos
cargadas de rastrojos y más tiempo.
Y nunca lograré salir del todo
del asombro anodino de estar solo,
si a solas ni me entiendo ni pretendo
que el mundo me redima. Únicamente
relleno los renglones del hastío
a base de este ritmo interminable
con círculos concéntricos que luego
reubican lo que digo entre otros trastos
perfectamente inútiles y abstrusos
sobre un mapa de nada. Algunas veces
he visto una doncella que sonríe
detrás de la conciencia, como al fondo
de un río con sus aguas transparentes,
y solo pienso, solo, que es el verso
igual que un alicate para cables
que están atravesados por la mente
y que me dejan solo, solo, solo.
Llegó por fin la hora solitaria
de estar tan solo a solas como siempre
y alicatar los cables inconexos
y encomendarme al fin de mi aislamiento
y rescatar del fondo de ese río
a la hermosa doncella que no existe
pero que hace de mí alguien que está solo;
un totum revolutum solitario:
sola doncella de mi soledad
Un totum revolutum, llega el tiempo
que contradice el tiempo en su costumbre
y debo acostumbrarme, y no estoy solo
pero me siento solo cuando miro
mi sombra por la calle, las arrugas
apenas incipientes de mi rostro;
solo cuando camino y cuando sueño
a solas con mis pájaros y piedras
de algún frío desierto. Solamente
me siento solo y salgo de mí mismo
para después buscarme en ese centro
que siempre se me escurre de las manos
cargadas de rastrojos y más tiempo.
Y nunca lograré salir del todo
del asombro anodino de estar solo,
si a solas ni me entiendo ni pretendo
que el mundo me redima. Únicamente
relleno los renglones del hastío
a base de este ritmo interminable
con círculos concéntricos que luego
reubican lo que digo entre otros trastos
perfectamente inútiles y abstrusos
sobre un mapa de nada. Algunas veces
he visto una doncella que sonríe
detrás de la conciencia, como al fondo
de un río con sus aguas transparentes,
y solo pienso, solo, que es el verso
igual que un alicate para cables
que están atravesados por la mente
y que me dejan solo, solo, solo.
Llegó por fin la hora solitaria
de estar tan solo a solas como siempre
y alicatar los cables inconexos
y encomendarme al fin de mi aislamiento
y rescatar del fondo de ese río
a la hermosa doncella que no existe
pero que hace de mí alguien que está solo;
un totum revolutum solitario:
sola doncella de mi soledad
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