Nat Guttlein
さん
Ceguera,
aquella en la que sutilmente ahogo mis suspiros.
Sueños,
que coseche a base de besos
y uno que otro brote de culpa.
Pecados,
que no me pertenecían,
que no tenían lugar en mi vida
pero si en la tuya,
en tu mente.
Una,
totalmente atormentada,
carcomida por tus propios parásitos,
los que me absorbian caricia a caricia,
lentamente,
como toda droga
haciendome adicta a la pena.
Yo no buscaba volver
y sin embargo,
me encontraba a cada hora,
minuto,
segundo,
fuera de día o de noche,
intentando encontrarte
para así poder seguir obteniendo una excusa.
Porque así eres tú,
ese es tu don.
Ser la esperanza en las personas,
alegría y lujuria juntas.
Demasiado curioso,
que detrás de toda esa belleza
rebalzando en tus mejillas,
sólo exista una montaña de falacias.
Amor mío,
procura la próxima vez
no desnudarte.
No te confundas,
lo mío no es frigidez,
sino,
pura clemencia.
aquella en la que sutilmente ahogo mis suspiros.
Sueños,
que coseche a base de besos
y uno que otro brote de culpa.
Pecados,
que no me pertenecían,
que no tenían lugar en mi vida
pero si en la tuya,
en tu mente.
Una,
totalmente atormentada,
carcomida por tus propios parásitos,
los que me absorbian caricia a caricia,
lentamente,
como toda droga
haciendome adicta a la pena.
Yo no buscaba volver
y sin embargo,
me encontraba a cada hora,
minuto,
segundo,
fuera de día o de noche,
intentando encontrarte
para así poder seguir obteniendo una excusa.
Porque así eres tú,
ese es tu don.
Ser la esperanza en las personas,
alegría y lujuria juntas.
Demasiado curioso,
que detrás de toda esa belleza
rebalzando en tus mejillas,
sólo exista una montaña de falacias.
Amor mío,
procura la próxima vez
no desnudarte.
No te confundas,
lo mío no es frigidez,
sino,
pura clemencia.