José rubiel Amaya Amaya
Poeta asiduo al portal
Se enfureció nuestra madre
por esta vez con Ecuador;
allí por doquier se abre
causando trágico dolor.
No se ve sino el desfile,
más lúgubre de la muerte;
que a Dios nos hace implorarle,
y llorar hasta el más fuerte.
Lo que surgió natural,
que el hombre había transformado
en hermoso y cultural,
ya en ruinas se ha quedado.
Parece un mar de dolor,
todo por el terremoto,
donde perdió el esplendor
hasta el rincón más remoto.
En medio de tanto llanto
también fluye la alegría,
cuando rescatan convida
a alguien lleno de espanto.
Es un cuadro de terror
el que dejo la tragedia,
donde se mira el horror
de la gente en la miseria.
Pero no todo es tan feo,
se observan gestos hermosos,
con mucha solidaridad
para menguar los destrozos.
por esta vez con Ecuador;
allí por doquier se abre
causando trágico dolor.
No se ve sino el desfile,
más lúgubre de la muerte;
que a Dios nos hace implorarle,
y llorar hasta el más fuerte.
Lo que surgió natural,
que el hombre había transformado
en hermoso y cultural,
ya en ruinas se ha quedado.
Parece un mar de dolor,
todo por el terremoto,
donde perdió el esplendor
hasta el rincón más remoto.
En medio de tanto llanto
también fluye la alegría,
cuando rescatan convida
a alguien lleno de espanto.
Es un cuadro de terror
el que dejo la tragedia,
donde se mira el horror
de la gente en la miseria.
Pero no todo es tan feo,
se observan gestos hermosos,
con mucha solidaridad
para menguar los destrozos.