Tragedia en el Pozo Emilio

Engel

SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA

Una percepción, una idea, un sentimiento.

De José Antonio a Roberto. De Roberto a Juan Carlos. De Juan Carlos a José Luis. De José Luis a Orlando. De Orlando a Manuel Antonio. De Manuel Antonio a… podríamos seguir así en diversas líneas y siempre encontraríamos eslabones de una misma cadena. Perdone la voz del corazón la torpeza con la que me acerco a esta tragedia. Busco una palabra redonda porque quisiera deciros que apenas adivino con cuál de ellas debo iniciar el camino por dónde rastrear el alma. No grita mi boca como gramaticalmente está indicado, ninguna palabra mía puede compararse con aquel dolor que ninguno de nosotros llegamos a comprender.

Es tan tenue la vida, tan torpe el argumento. De nada sirve darle vueltas, darle orden, enfriarlo. ¿Cómo llevar los ojos al dolor que se abre en la montaña leonesa? ¿Cómo desterrar de él la duda? El sufrimiento nos descubre las fibras más sensibles del corazón. El destino esculpió su borrón sobre un muro de carbón. A varios metros de distancia, donde todo posee la trascendencia que debe, la muerte compuso su idioma y dejó un temblor de arañazo sobre la galería. De todo se hace cargo, de nadie se apiada. Su huella tiene la quemadura de seis vidas vacías.
Al otro lado de la montaña el tiempo duele, nos desarma, se paraliza delante de nuestros ojos. Nos duele mirar, el amor no sabe detenerse. Los mineros lo sabemos desde mucho tiempo antes y aguardamos en nuestro fuero interno esa especie de castigo inmerecido.
Nada en la vida es por casualidad: entonces echaron a correr desesperadamente hacia la salida pero el destino frenó en seco la huida. No tenían escapatoria. A sus espaldas advirtieron al perseguidor implacable. Notaban su presencia cada vez más cerca. Una presencia de la que sospechaban lo peor.
¿Olvidaros, quién puede? Nos queda el recuerdo en la duna ardiendo de la memoria. Es imposible dejar atrás vuestros rostros. El futuro arrebatado en plena juventud fue un botín de guerra tan cruel como injusto. Mas no es la venganza quien nos guía, sino la sedentaria experiencia de unos hechos reales, de los que, como notarios codiciosos a la espera de una respuesta veraz y digna, levantamos expectante memoria.
Aunque duelen estas estas horas y es oscura la noche que se adentra, la familia minera hemos vuelto a caminar. Nos habíamos detenido para ver llorar. Hemos llorado. Ahora volvemos a caminar.
 
Última edición:
Hay una fuerza, podríamos llamarla… supervivencia, que nos arrastra a seguir cuando parece que toda la montaña ha sepultado las esperanzas de vida.
Todos sabemos que la muerte puede acontecernos cada día pero vivimos de espaldas a esa realidad, como si ignorando el hecho pudiera no sucedernos. El drama de los mineros es único, para ellos la vuelta a casa es una suerte de “milagro” que se produce o no…, para sus familias, un sonido de sirena encoge el alma y expulsa como magma la angustia.
Estos relatos hacen sonar las sirenas de la conciencia acercándonos tímidamente a la dureza de esa realidad que sólo puede ser comprendida por el que la vive.

Engel, portavoz del lamento negro

Un abrazo con mucho cariño hasta tu tierra.

Palmira
 
Última edición:
Hay una fuerza, podríamos llamarla… supervivencia, que nos arrastra a seguir cuando parece que toda la montaña ha sepultado las esperanzas de vida.
Todos sabemos que la muerte puede acontecernos cada día pero vivimos de espaldas a esa realidad, como si ignorando el hecho pudiera no sucedernos. El drama de los mineros es único, para ellos la vuelta a casa es una suerte de “milagro” que se produce o no…, para sus familias, un sonido de sirena encoge el alma y expulsa como magma la angustia.
Estos relatos hacen sonar las sirenas de la conciencia acercándonos tímidamente a la dureza de esa realidad que sólo puede ser comprendida por el que la vive.

Engel, portavoz del lamento negro

Un abrazo con mucho cariño hasta tu tierra.

Palmira

Te agradezco de forma especial tu paso por este escrito, Palmira.
Fuerte abrazo querida amiga.
 
La mina, ya sé lo que para ti representa, Engel y me alegro por la última frase de esta prosa. Después de esa gran tristeza, dolor y el convencerse que nada sucede porque sí, que cuando llega la hora nadie escapa ni aunque cobijado en los brazos de una madre. Conozco las minas y sé cuánto riesgo engendran en aquellos pozos. La muerte aguarda siempre a su víctima. Saludos Engel.
 
Desgarrador mi querido amigo. Un placer leerte. Besos con cariño. Saludos.
 
La mina, ya sé lo que para ti representa, Engel y me alegro por la última frase de esta prosa. Después de esa gran tristeza, dolor y el convencerse que nada sucede porque sí, que cuando llega la hora nadie escapa ni aunque cobijado en los brazos de una madre. Conozco las minas y sé cuánto riesgo engendran en aquellos pozos. La muerte aguarda siempre a su víctima. Saludos Engel.


Saludos, Margarita. Me alegra tu visita. Gracias por tus palabras.
 
Vivo a muy pocos kilómetros del Pozo Emilio, señor Engel, por lo que agradezco este escrito que se hallaba en su baúl. Por lo poco que le he leído, estoy en la condición de decirle, sin dudas, que es usted uno de los mejores prosistas de este Mundopoesía. Un placer haber pasado y saludarle.
 
Última edición:
Évano;5240203 dijo:
Vivo a muy pocos kilómetros del Pozo Emilio, señor Engel, por lo que agradezco este escrito que se hallaba en su baúl. Por lo poco que le he leído, estoy en la condición de decirle, sin dudas, que es usted uno de los mejores prosistas de este Mundopoesía. Un placer haber pasado y saludarle.
Gracias a ti, Évano.
Deduzco entonces que vivimos en localidades cercanas.
Placer conocerte. Fuerte abrazo, apreciado poeta.
 
Su forma de escribir siempre deja muchas imágenes, este escrito aunque triste refleja ese dolor por el que pasamos en el instinto de sobrevivir a los golpes y continuar. Un saludo Engel.
 
esta prosa desahogo llega.... el dolor, las dudas, la incertidumbre, la rabia, la impotencia, el miedo, el horror vivido, el aprecio, el amor, demasiadas emociones se juntan, unas encima de otras, para este homenaje a esos seres perdidos... trabajos de riesgo que cierto que siempre será incertidumbre volver o no a casa, pero que muchas veces, sus tragedias no han sido evitadas por una mayor seguridad ya que siempre repercute en lo económico... y eso crea mucho más dolor y mayor impotencia... Se vuelve a caminar... pero siempre quedará en la memoria lo llorado.
Un saludo.
 
[video=youtube;bJREgmO15Mg]https://www.youtube.com/watch?v=bJREgmO15Mg[/video]

Una percepción, una idea, un sentimiento.


De José Antonio a Roberto. De Roberto a Juan Carlos. De Juan Carlos a José Luis. De José Luis a Orlando. De Orlando a Manuel Antonio. De Manuel Antonio a… podríamos seguir así en diversas líneas y siempre encontraríamos eslabones de una misma cadena. Perdone la voz del corazón la torpeza con la que me acerco a esta tragedia. Busco una palabra redonda porque quisiera deciros que apenas adivino con cuál de ellas debo iniciar el camino por dónde rastrear el alma. No grita mi boca como gramaticalmente está indicado, ninguna palabra mía puede compararse con aquel dolor que ninguno de nosotros llegamos a comprender.
Es tan tenue la vida, tan torpe el argumento. De nada sirve darle vueltas, darle orden, enfriarlo. ¿Cómo llevar los ojos al dolor que se abre en la montaña leonesa? ¿Cómo desterrar de él la duda? El sufrimiento nos descubre las fibras más sensibles del corazón. El destino esculpió su borrón sobre un muro de carbón. A varios metros de distancia, donde todo posee la trascendencia que debe, la muerte compuso su idioma y dejó un temblor de arañazo sobre la galería. De todo se hace cargo, de nadie se apiada. Su huella tiene la quemadura de seis vidas vacías.
Al otro lado de la montaña el tiempo duele, nos desarma, se paraliza delante de nuestros ojos. Nos duele mirar, el amor no sabe detenerse. Los mineros lo sabemos desde mucho tiempo antes y aguardamos en nuestro fuero interno esa especie de castigo inmerecido.
Nada en la vida es por casualidad: entonces echaron a correr desesperadamente hacia la salida pero el destino frenó en seco la huida. No tenían escapatoria. A sus espaldas advirtieron al perseguidor implacable. Notaban su presencia cada vez más cerca. Una presencia de la que sospechaban lo peor.
¿Olvidaros, quién puede? Nos queda el recuerdo en la duna ardiendo de la memoria. Es imposible dejar atrás vuestros rostros. El futuro arrebatado en plena juventud fue un botín de guerra tan cruel como injusto. Mas no es la venganza quien nos guía, sino la sedentaria experiencia de unos hechos reales, de los que, como notarios codiciosos a la espera de una respuesta veraz y digna, levantamos expectante memoria.
Aunque duelen estas estas horas y es oscura la noche que se adentra, la familia minera hemos vuelto a caminar. Nos habíamos detenido para ver llorar. Hemos llorado. Ahora volvemos a caminar.


Una panorámica vivida desde la tremenda desgracia, desde las entrañas de esta bella tierra, que también tiene estos capítulos necrológicos que toca vivir. La mina, forma parte de nuestro paisaje, de nuestras vidas, tragándose de un soplo, esperanzas y sonrisas. Este homenaje, hace que no lo olvidemos, que nos les olvidemos.

Un beso grande, mi querido Engel.
 
MaríaA.G;5309546 dijo:
Una panorámica vivida desde la tremenda desgracia, desde las entrañas de esta bella tierra, que también tiene estos capítulos necrológicos que toca vivir. La mina, forma parte de nuestro paisaje, de nuestras vidas, tragándose de un soplo, esperanzas y sonrisas. Este homenaje, hace que no lo olvidemos, que nos les olvidemos.

Un beso grande, mi querido Engel.

Saludos, María. Por tu cercanía a dicha comarca minera, bien sabes de lo que hablas. Te doy las gracias por tu sensibilidad y apoyo.
Un beso gigante para ti, leonesa hermosa.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba