José rubiel Amaya Amaya
Poeta asiduo al portal
Copos grices de forma algodonada,
y debajo del fuego que calcina,
una lava que dejó arrasada,
la montaña horas antes blanquecina.
El crugir de dientes y el espanto,
por aquella muchedumbre atrapada,
todos con la mirada horrorizada,
y los ojos cubiertos por el llanto.
Inutil la carrera desvocada,
al pie de la montaña enfurecida,
la lava, pura piedra diluida,
dejó aquella gente calcinada.
Como esfinges quedaron los mortales,
esparcidos por el suelo arrasado,
los parientes llorando por raudales,
y buscando a su vez al ser amado.
y debajo del fuego que calcina,
una lava que dejó arrasada,
la montaña horas antes blanquecina.
El crugir de dientes y el espanto,
por aquella muchedumbre atrapada,
todos con la mirada horrorizada,
y los ojos cubiertos por el llanto.
Inutil la carrera desvocada,
al pie de la montaña enfurecida,
la lava, pura piedra diluida,
dejó aquella gente calcinada.
Como esfinges quedaron los mortales,
esparcidos por el suelo arrasado,
los parientes llorando por raudales,
y buscando a su vez al ser amado.