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Mentiras disfrazadas de verdad
ocultas en la boca de malsines,
montadas, en lujosos palanquines,
con palios de perversa honestidad.
Te ponen en el plato la piedad,
veneno disfrazado de jazmines,
servido por los falsos paladines
que visten de color la oscuridad.
Queriendo, así, ocultar su negro manto,
como ángeles sin tierra y sin camino,
te brindan una risa en despedida.
Te engaña la dulzura de su canto
que lanzan al principio de su trino
y luego te apuñalan sin medida.
Manuel Sal Menéndez.
Mentiras disfrazadas de verdad
ocultas en la boca de malsines,
montadas, en lujosos palanquines,
con palios de perversa honestidad.
Te ponen en el plato la piedad,
veneno disfrazado de jazmines,
servido por los falsos paladines
que visten de color la oscuridad.
Queriendo, así, ocultar su negro manto,
como ángeles sin tierra y sin camino,
te brindan una risa en despedida.
Te engaña la dulzura de su canto
que lanzan al principio de su trino
y luego te apuñalan sin medida.
Manuel Sal Menéndez.
Mentiras disfrazadas de verdad
ocultas en la boca de malsines,
montadas, en lujosos palanquines,
con palios de perversa honestidad.
Te ponen en el plato la piedad,
veneno disfrazado de jazmines,
servido por los falsos paladines
que visten de color la oscuridad.
Queriendo, así, ocultar su negro manto,
como ángeles sin tierra y sin camino,
te brindan una risa en despedida.
Te engaña la dulzura de su canto
que lanzan al principio de su trino
y luego te apuñalan sin medida.
Manuel Sal Menéndez.
Mentiras disfrazadas de verdad
ocultas en la boca de malsines,
montadas, en lujosos palanquines,
con palios de perversa honestidad.
Te ponen en el plato la piedad,
veneno disfrazado de jazmines,
servido por los falsos paladines
que visten de color la oscuridad.
Queriendo, así, ocultar su negro manto,
como ángeles sin tierra y sin camino,
te brindan una risa en despedida.
Te engaña la dulzura de su canto
que lanzan al principio de su trino
y luego te apuñalan sin medida.
Manuel Sal Menéndez.
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