En la soledad del cuarto, mis respiros,
son mas que leves jadeos, bocanadas.
Me acecha el mundo en fantasmales giros,
las estrellas son rastrojos, de lumbres apagadas.
son mas que leves jadeos, bocanadas.
Me acecha el mundo en fantasmales giros,
las estrellas son rastrojos, de lumbres apagadas.
Arrodillado, solitario, sin testigos,
a un resto de papel, mis manos aferradas.
Tapiada el alma, sin puertas, ni postigos,
soy un pulular de penas encerradas.
a un resto de papel, mis manos aferradas.
Tapiada el alma, sin puertas, ni postigos,
soy un pulular de penas encerradas.
Pero algo en mí, late, sus latidos,
son un temblor, que en sísmicas zancadas;
agita, mueve, envuelve mis sentidos
en espiral, de mil tormentas desatadas.
son un temblor, que en sísmicas zancadas;
agita, mueve, envuelve mis sentidos
en espiral, de mil tormentas desatadas.
Lucho primero, me opongo, hay refucilos
que se aquietan, mis manos transpiradas
se aflojan, son mis venas leves hilos
que se dilatan, sumisas, entregadas.
que se aquietan, mis manos transpiradas
se aflojan, son mis venas leves hilos
que se dilatan, sumisas, entregadas.
Pasa el tiempo, pasa, en agudos filos
corta la aurora, el sueño, en rebanadas.
Se despierta el sol, entre sigilos
y ya el dia, va creciéndome entre oleadas.
corta la aurora, el sueño, en rebanadas.
Se despierta el sol, entre sigilos
y ya el dia, va creciéndome entre oleadas.
Mis ojos, se despiertan doloridos,
reconozco mis manos apretadas.
Y en ellas, en un papel, estremecidos,
hay unos versos, con las alas...desplegadas.
reconozco mis manos apretadas.
Y en ellas, en un papel, estremecidos,
hay unos versos, con las alas...desplegadas.
Marino Fabianesi
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