BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo estaba perdido entre las sierras.
Perdido por los duros dominios
del viento y del aire. Perdido.
Mirando el poniente, observando
la hondura de un horizonte maligno.
Perdido, herido, confuso, arisco,
meditándolo todo. En la arena,
o sobre ella, ni un pájaro, ni un ave.
Miradas de plomo embellecían mi rudo
caminar. Sobras del amanecer de un día,
sollozaban a resguardo de una hoguera
a medio apagar. Cenizas violentas,
conmemoraban el ritmo de las cordilleras,
nadie sabía qué hacía. Qué profunda
transformación en mí operaba con sus
alfabetos auténticos. Todos dormían, de
espaldas. Y yo cantaba, por los ricos pedregales,
por las arenas adormecidas, por los tenues
picos de delgadas cinturas matinales.
Yo esperaba. Aguardaba quizás la sonrisa
de una hoja, el agua aguardentosa, el mineral
férreo de una orilla sigilosa.
Y yo sabía que me esperabas, tanto
como si me estuvieras esperando.
©
Perdido por los duros dominios
del viento y del aire. Perdido.
Mirando el poniente, observando
la hondura de un horizonte maligno.
Perdido, herido, confuso, arisco,
meditándolo todo. En la arena,
o sobre ella, ni un pájaro, ni un ave.
Miradas de plomo embellecían mi rudo
caminar. Sobras del amanecer de un día,
sollozaban a resguardo de una hoguera
a medio apagar. Cenizas violentas,
conmemoraban el ritmo de las cordilleras,
nadie sabía qué hacía. Qué profunda
transformación en mí operaba con sus
alfabetos auténticos. Todos dormían, de
espaldas. Y yo cantaba, por los ricos pedregales,
por las arenas adormecidas, por los tenues
picos de delgadas cinturas matinales.
Yo esperaba. Aguardaba quizás la sonrisa
de una hoja, el agua aguardentosa, el mineral
férreo de una orilla sigilosa.
Y yo sabía que me esperabas, tanto
como si me estuvieras esperando.
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