Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
I
Como seres sin rostro definido
pasan volando ante mis ojos
los colores difusos de los paisajes
que alimentaban mi mundo
de aventuras y sueños infantiles.
Ya no seré, en las noches
de insomnio, la compañía amiga
que mitigue su soledad
contándoles mis deseos
ante el paso de estrellas fugaces,
porque abandonados se quedan
para siempre tras la frontera
de hierro y cristal de un tren
que, como una brizna de aire puro
y libre, se va adentrando
en las entrañas de la noche,
trasladando los anhelos
de mi nueva vida
hacia el fértil sustento
de una idílica estampa
donde se refleja la quietud de la luna
tatuada en la piel de un mar ligero.
II
Me aburren los misterios,
el velo que los cubre
y la mucha o poca historia
que aún quede por contar.
Nada importan los comienzos
ni los nombres y apellidos
ni la piel que uno vaya dejándose
entre las páginas vividas.
Solo prevalece el tránsito
-en pie el temblor gozoso-,
su chispa obrando el prodigio
del corazón abriéndose camino
a través del tiempo,
del remolino huracanado
formándose en el estómago
y de la risa a carcajadas.
Como seres sin rostro definido
pasan volando ante mis ojos
los colores difusos de los paisajes
que alimentaban mi mundo
de aventuras y sueños infantiles.
Ya no seré, en las noches
de insomnio, la compañía amiga
que mitigue su soledad
contándoles mis deseos
ante el paso de estrellas fugaces,
porque abandonados se quedan
para siempre tras la frontera
de hierro y cristal de un tren
que, como una brizna de aire puro
y libre, se va adentrando
en las entrañas de la noche,
trasladando los anhelos
de mi nueva vida
hacia el fértil sustento
de una idílica estampa
donde se refleja la quietud de la luna
tatuada en la piel de un mar ligero.
II
Me aburren los misterios,
el velo que los cubre
y la mucha o poca historia
que aún quede por contar.
Nada importan los comienzos
ni los nombres y apellidos
ni la piel que uno vaya dejándose
entre las páginas vividas.
Solo prevalece el tránsito
-en pie el temblor gozoso-,
su chispa obrando el prodigio
del corazón abriéndose camino
a través del tiempo,
del remolino huracanado
formándose en el estómago
y de la risa a carcajadas.
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