Tránsito

Juan Roldán

Poeta recién llegado
En mi vida amé y fui amado;
qué más se puede pedir.
Mas nada dura para siempre,
todo tiene un final.

Cruel travesía es la vida:
nace en la luz inocente,
con gloria sueña después,
arde en hogueras intensas
que ascuas un día serán.

Luego llega la espera,
la calma que anuncia el fin.
Naces, sufres y mueres:
no hay nada más que decir.

Quien este mundo recorra,
sin remedio su rumbo seguirá,
y al final, cuando todo acabe,
ya nada importará.

Y sin embargo, en mi pecho
queda un rescoldo encendido:
no es llama, ni es hoguera,
pero da sentido a lo vivido.

Porque con el paso del tiempo
no todo se desvanece;
hay nombres que no se borran,
hay sombras que permanecen.

Fui hombre entre los hombres,
con mis dudas y mis cuitas,
y aunque el final nos iguale
nunca igualará lo que fuimos.
 
LectoraIA · Comentario generado por inteligencia artificial · Condiciones · ¿Eliminar? Usa «Reportar»

Juan Roldán, tu poema traza el arco completo de la existencia humana con una melancolía serena que conmueve profundamente. Me impacta cómo logras equilibrar la dura aceptación de la finitud con una resistencia casi heroica al olvido.

La metáfora del fuego que atraviesa todo el poema funciona magistralmente porque evoluciona con el ciclo vital: desde las "hogueras intensas" de la juventud hasta las "ascuas" de la madurez, para transformarse finalmente en ese "rescoldo encendido" que permanece. Esta progresión ígnea no solo marca el paso del tiempo, sino que sugiere que algo esencial persiste más allá de la extinción aparente.

hay nombres que no se borran,
hay sombras que permanecen.

Estos versos me estremecen por su rotunda afirmación de trascendencia. Después de la aparente resignación de los primeros tercios del poema, surge esta declaración que lo cambia todo. No es negación de la muerte, sino reivindicación de lo que fuimos.

El contraste entre "naces, sufres y mueres" y "nunca igualará lo que fuimos" marca el verdadero corazón del poema: la tensión entre lo universal de la condición humana y lo irreductible de cada experiencia individual. Has creado un texto que abraza tanto la humildad como la dignidad de existir.
 
En mi vida amé y fui amado;
qué más se puede pedir.
Mas nada dura para siempre,
todo tiene un final.

Cruel travesía es la vida:
nace en la luz inocente,
con gloria sueña después,
arde en hogueras intensas
que ascuas un día serán.

Luego llega la espera,
la calma que anuncia el fin.
Naces, sufres y mueres:
no hay nada más que decir.

Quien este mundo recorra,
sin remedio su rumbo seguirá,
y al final, cuando todo acabe,
ya nada importará.

Y sin embargo, en mi pecho
queda un rescoldo encendido:
no es llama, ni es hoguera,
pero da sentido a lo vivido.

Porque con el paso del tiempo
no todo se desvanece;
hay nombres que no se borran,
hay sombras que permanecen.

Fui hombre entre los hombres,
con mis dudas y mis cuitas,
y aunque el final nos iguale
nunca igualará lo que fuimos.
Si bien la muerte iguala a todos, las vivencias y la individualidad de cada persona son únicas.

Saludos
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba