James De la rosa
Juan Carlos Tuñon
Anoche soñé un poema, no una, sino dos veces,
y en dos sueños distintos, el mismo poema...
pero despierto no rescaté ni una sola palabra...
De ese sueño mi canto seco de letargo...
Y del sueño ronco que le trajo el verso
del canto del sueño que trajo el recuerdo
de aquel saco roto...
Del recuerdo manso que es río de pueblo
de corriente lenta que pasa en silencio
del agua despacio que llena el espacio
de empapada vida...
En la orilla seca, a salvo de todo
donde nace el lodo que ensucia los pasos
en el río seco y su cauce callado...
El paso del tiempo es un sol sediento
que el río ha secado.
Y el sueño de verso con forma de saco
del recuerdo roto del tacto mugriento
que esperando dentro; tienes que sacarlo...
El río poema que en el sueño es canto
con la voz temblando, creciente, inundado,
con el agua sucia que tiene la astucia
de lo que ha arrastrado.
Y en la orilla mira, se acerca un muchacho,
parece que quiere crecer con el río,
seguirlo en su tajo, allá para abajo
en el desembarco de un corazón naufragado...
Habla ya muchacho, dinos lo que quieres,
tu voz es la inspiración que teje los hilos
de una composición épica…
Y la palabra que araña la garganta
y lo escupido no es más que un injerto,
un gruñido, el temblor de un corazón
sin recuerdos.
Mudo, mira el río, seco como la voz
y ni siquiera hay barro y no es un niño
parece un anciano...
No se puede traer de los sueños,
ni se puede llevar, no y el saco que tiene
entonces, tener, tenía...
Roto como la voz del niño,
como la sonoridad del agua,
el niño cantaba y ese bello canto
era partitura de triste hermosura
del trino empapado.
Y al cruzar el río donde crece un árbol,
a la sombra dura con el alma oscura
alguien esperando...
En la seca sombra del árbol reseco,
hay madre de sombra, hay genio callado,
todo lo esperado en el lado seco...
Y el niño reseco con la piel de anciano
a la madre seca, besos de manteca
para que la vieja estire los labios,
le diga al oído lo que le ha traído
del campo del sueño...
y en dos sueños distintos, el mismo poema...
pero despierto no rescaté ni una sola palabra...
De ese sueño mi canto seco de letargo...
Y del sueño ronco que le trajo el verso
del canto del sueño que trajo el recuerdo
de aquel saco roto...
Del recuerdo manso que es río de pueblo
de corriente lenta que pasa en silencio
del agua despacio que llena el espacio
de empapada vida...
En la orilla seca, a salvo de todo
donde nace el lodo que ensucia los pasos
en el río seco y su cauce callado...
El paso del tiempo es un sol sediento
que el río ha secado.
Y el sueño de verso con forma de saco
del recuerdo roto del tacto mugriento
que esperando dentro; tienes que sacarlo...
El río poema que en el sueño es canto
con la voz temblando, creciente, inundado,
con el agua sucia que tiene la astucia
de lo que ha arrastrado.
Y en la orilla mira, se acerca un muchacho,
parece que quiere crecer con el río,
seguirlo en su tajo, allá para abajo
en el desembarco de un corazón naufragado...
Habla ya muchacho, dinos lo que quieres,
tu voz es la inspiración que teje los hilos
de una composición épica…
Y la palabra que araña la garganta
y lo escupido no es más que un injerto,
un gruñido, el temblor de un corazón
sin recuerdos.
Mudo, mira el río, seco como la voz
y ni siquiera hay barro y no es un niño
parece un anciano...
No se puede traer de los sueños,
ni se puede llevar, no y el saco que tiene
entonces, tener, tenía...
Roto como la voz del niño,
como la sonoridad del agua,
el niño cantaba y ese bello canto
era partitura de triste hermosura
del trino empapado.
Y al cruzar el río donde crece un árbol,
a la sombra dura con el alma oscura
alguien esperando...
En la seca sombra del árbol reseco,
hay madre de sombra, hay genio callado,
todo lo esperado en el lado seco...
Y el niño reseco con la piel de anciano
a la madre seca, besos de manteca
para que la vieja estire los labios,
le diga al oído lo que le ha traído
del campo del sueño...
Última edición: