Tras la puerta

Anna Politkóvskaya

Poeta fiel al portal
Lo recóndito, tras la puerta,
siempre es prisionero de sí mismo
y un juguete de las sombras
o un mar sospechosamente
en calma.

Tras la puerta que niega
la entrada a los paisajes,
el silencio se escarcha
y en piedra muda
la palabra.

Fuera, el Sol ilumina
la piel de la casa;
tras la puerta, la lluvia inunda
las estancias donde habitan
el filo y el aliento feroz.

Nadie llama
si, tras la puerta, asoma
el azul cruento de la vena;
ni siquiera, cuando el aire
huele a violeta y a trueno.

Una mirada violácea,
tras la puerta,
guarda silencio y aguarda
en la soledad de su laberinto
el ataque final del Minotauro.

Cuando ya es tarde,
tras la puerta solo quedan
tumbas con nombre de mujer
y el dolor, entonces, es flor inútil
en una tierra sin matices.

 
Última edición:
Me encantó, con tu estilo de decir mucho con versos cortos.

Un gran saludo.

Gus

Lo recóndito, tras la puerta,
siempre es prisionero de sí mismo
y un juguete de las sombras
o un mar sospechosamente
en calma.

Tras la puerta que niega
la entrada a los paisajes,
el silencio se escarcha
y en piedra muda
la palabra.

Fuera, el Sol ilumina
la piel de la casa;
tras la puerta, la lluvia inunda
las estancias donde habitan
el filo y el aliento feroz.

Nadie llama
si, tras la puerta, asoma
el azul cruento de la vena;
ni siquiera, cuando el aire
huele a violeta y a trueno.

Una mirada violácea,
tras la puerta,
guarda silencio y aguarda,
en la soledad de su laberinto,
el ataque final del Minotauro.

Cuando ya es tarde,
tras la puerta solo quedan
tumbas con nombre de mujer
y el dolor, entonces, es flor inútil
en una tierra sin matices.

 
Lo recóndito, tras la puerta,
siempre es prisionero de sí mismo
y un juguete de las sombras
o un mar sospechosamente
en calma.

Tras la puerta que niega
la entrada a los paisajes,
el silencio se escarcha
y en piedra muda
la palabra.

Fuera, el Sol ilumina
la piel de la casa;
tras la puerta, la lluvia inunda
las estancias donde habitan
el filo y el aliento feroz.

Nadie llama
si, tras la puerta, asoma
el azul cruento de la vena;
ni siquiera, cuando el aire
huele a violeta y a trueno.

Una mirada violácea,
tras la puerta,
guarda silencio y aguarda
en la soledad de su laberinto
el ataque final del Minotauro.

Cuando ya es tarde,
tras la puerta solo quedan
tumbas con nombre de mujer
y el dolor, entonces, es flor inútil
en una tierra sin matices.




Siempre admiré tu poesia, Anna, con esa forma de extraordinaria de contar lo terrible que se esconde tras la puerta, el dolor silencioso, la soledad, los desencuentros. Destaco ese cierra final que me dice tanto.
Mi mas sincera felicitación por ese estilo tuyo, de pinceladas sutiles, poéticas, certeras, honestas.
Gracias por compartirlo en este espacio tan nuestro.
Un abrazo
Isabel
Cuando ya es tarde,
tras la puerta solo quedan
tumbas con nombre de mujer
y el dolor, entonces, es flor inútil
en una tierra sin matices.


 
Lo recóndito, tras la puerta,
siempre es prisionero de sí mismo
y un juguete de las sombras
o un mar sospechosamente
en calma.

Tras la puerta que niega
la entrada a los paisajes,
el silencio se escarcha
y en piedra muda
la palabra.

Fuera, el Sol ilumina
la piel de la casa;
tras la puerta, la lluvia inunda
las estancias donde habitan
el filo y el aliento feroz.

Nadie llama
si, tras la puerta, asoma
el azul cruento de la vena;
ni siquiera, cuando el aire
huele a violeta y a trueno.

Una mirada violácea,
tras la puerta,
guarda silencio y aguarda
en la soledad de su laberinto
el ataque final del Minotauro.

Cuando ya es tarde,
tras la puerta solo quedan
tumbas con nombre de mujer
y el dolor, entonces, es flor inútil
en una tierra sin matices.

Cuánto se esconde tras la puerta
cuánto silencio, cuánto, llanto
y cuánto luto...
excelente cierre bella Anna
para una excelente forma de contarnos todo lo que puede vivirse tras esa puerta casi sospechosa...

un fuerte abrazo y no olvides venir cuando puedas con tus obras y con tu don de gentes, este es nuestro espacio, el espacio de todos y qué más podemos hacer que engalanarlo con nuestro arte, varones y mujeres en un canto único, gracias por acercar tu arte, gracias por tu cercanía, con todo respeto,

ligiA
 
Lo recóndito, tras la puerta,
siempre es prisionero de sí mismo
y un juguete de las sombras
o un mar sospechosamente
en calma.

Tras la puerta que niega
la entrada a los paisajes,
el silencio se escarcha
y en piedra muda
la palabra.

Fuera, el Sol ilumina
la piel de la casa;
tras la puerta, la lluvia inunda
las estancias donde habitan
el filo y el aliento feroz.

Nadie llama
si, tras la puerta, asoma
el azul cruento de la vena;
ni siquiera, cuando el aire
huele a violeta y a trueno.

Una mirada violácea,
tras la puerta,
guarda silencio y aguarda
en la soledad de su laberinto
el ataque final del Minotauro.

Cuando ya es tarde,
tras la puerta solo quedan
tumbas con nombre de mujer
y el dolor, entonces, es flor inútil
en una tierra sin matices.

Estimada Anna, lo has reflejado de una manera soberbia, se ponen los pelos de punta al imaginar lo que puede haber tras la puerta ajeno al mundo. Y qué cierto es que es demasiado tarde cuando sucede, el lamento ya no puede recomponer el inmenso daño hecho.
Un cierre magistral,


Cuando ya es tarde,
tras la puerta solo quedan
tumbas con nombre de mujer
y el dolor, entonces, es flor inútil
en una tierra sin matices.



Encantada de haberte leído. Un abrazo,
Eva



 

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