Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
De aquellos ayeres, ¡regálame olvido!,
que caigan calendas
y en pátina alfombren el grito en mi oído
de sombras horrendas.
Prohíbeme el llanto que anega el latido
y enloda con hiel las sendas,
que nunca el pasado me nuble el sentido
si afirmo tomar mis riendas.
Que vuelen los miedos buscando el ocaso
pues no los enjaulo, ni visto en fracaso
su triste reflejo.
Que sumo la resta y afronto el futuro
con algo de blanco, con mucho de oscuro
pintando el bosquejo.
Por eso, si escuchas ahora el tañido,
acaso comprendas
que doblan campanas al duelo perdido
de viejas contiendas.
Pues tanto mi älma cegada ha corrido
que arroja por fin las vendas
al ver tu mirada rasgando el tejido
sin más, sin dolerte prendas.
Amor, que a mi puerta llevaste tu paso
y ungido en deseo me cedes Parnaso,
mi canto te dejo
midiendo mis pulsos. Prometo, ¡te juro!
que soy de tus mares balandro seguro
de firme aparejo.
Última edición: