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Poeta asiduo al portal
Ya no tengo tiempo,
ya no tengo edad,
ya no tengo corazón,
para salir corriendo...
y esconderme como un niño
tras las faldas de mi madre.
Tras las faldas de mi madre,
tuve todo menos miedo,
fui más grande más inquieto,
el más tonto el más mimado,
el que lloraba por el toque...
de otras manos que no fueran
las suaves manos de mi madre.
Tras las faldas de mi madre,
hice un mundo para mí,
su alegría era mi sol
y la luna su calor,
en ese mundo imaginario
el dolor buscó un espacio
y el amor lo hizo agradable,
de ese amor tan amigable,
me hice el dueño más celoso,
me enojaba al sorprenderlo,
dando un beso un hasta luego,
a un extraño ladronzuelo
de cariños y consuelos.
Tras las faldas de mi madre,
no hubo un niño más dichoso
que el que reía con un beso
y una lágrima en el pecho,
que escapó desde los ojos
y paso por las mejillas,
"así" despavoridas,
huyéndole a las manos
que portaban sin quererlo
la más suave y delicada,
caricia de mi madre.
Quizás aún tengo tiempo,
Talvez quede un espacio,
no en sus brazos
no en sus hombros,
ni siquiera entre sus senos
que me hicieron tan sereno,
ya que extraño más que nada
esas faldas que ella llevaba
cuando el llanto me embargaba,
y con sólo un apretón,
me abrasaba y con amor,
me dormía en un rincón.
Tras las faldas de mi madre,
quedó el mundo en que soñé,
con esas cosas que empaqué
aquella tarde en que me fui,
tras un adiós
y un te quiero en mi interior,
dejé un beso junto a un cuento,
y aquel ángel que celaba,
el rincón que me quedaba,
tan pequeño y desolado,
tras las faldas de mi madre.
ya no tengo edad,
ya no tengo corazón,
para salir corriendo...
y esconderme como un niño
tras las faldas de mi madre.
Tras las faldas de mi madre,
tuve todo menos miedo,
fui más grande más inquieto,
el más tonto el más mimado,
el que lloraba por el toque...
de otras manos que no fueran
las suaves manos de mi madre.
Tras las faldas de mi madre,
hice un mundo para mí,
su alegría era mi sol
y la luna su calor,
en ese mundo imaginario
el dolor buscó un espacio
y el amor lo hizo agradable,
de ese amor tan amigable,
me hice el dueño más celoso,
me enojaba al sorprenderlo,
dando un beso un hasta luego,
a un extraño ladronzuelo
de cariños y consuelos.
Tras las faldas de mi madre,
no hubo un niño más dichoso
que el que reía con un beso
y una lágrima en el pecho,
que escapó desde los ojos
y paso por las mejillas,
"así" despavoridas,
huyéndole a las manos
que portaban sin quererlo
la más suave y delicada,
caricia de mi madre.
Quizás aún tengo tiempo,
Talvez quede un espacio,
no en sus brazos
no en sus hombros,
ni siquiera entre sus senos
que me hicieron tan sereno,
ya que extraño más que nada
esas faldas que ella llevaba
cuando el llanto me embargaba,
y con sólo un apretón,
me abrasaba y con amor,
me dormía en un rincón.
Tras las faldas de mi madre,
quedó el mundo en que soñé,
con esas cosas que empaqué
aquella tarde en que me fui,
tras un adiós
y un te quiero en mi interior,
dejé un beso junto a un cuento,
y aquel ángel que celaba,
el rincón que me quedaba,
tan pequeño y desolado,
tras las faldas de mi madre.
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