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Tras una breve tregua

Asklepios

Incinerando envidias
Tras una breve tregua, los perpetuos rincones del mar a la deriva, le mantuvieron ocupado durante mucho más tiempo del calculado en terminar de recogerlos. Se vio obligado a distraer a un buen número de olas, para así, poder dejar intacta la marea, con sus silenciosas estelas de espuma extendidas, y los grumos de salitre perfectamente desmenuzados.

No podía dejar nada al azar. Se exigía un control exhaustivo, riguroso, hasta el punto de tener que vigilar que, cualquier mirada no se contaminara mientras los visitantes observaban cómo las luces descalzas, caracoleaban entre las grietas del mar antes de apagarse, dada su torpeza. Era éste, un fenómeno que rara vez podía ser observado, de una belleza espectacular y que todos querían tener la oportunidad de ver.

Tareas como estas, formaban parte del cometido a realizar por un hombre deslumbrante, a quien tuve la ocasión de conocer durante el verano de 1.886, y que, por desgracia, jamás pude volver a ver.
 
Tras una breve tregua, los perpetuos rincones del mar a la deriva, le mantuvieron ocupado durante mucho más tiempo del calculado en terminar de recogerlos. Se vio obligado a distraer a un buen número de olas, para así, poder dejar intacta la marea, con sus silenciosas estelas de espuma extendidas, y los grumos de salitre perfectamente desmenuzados.

No podía dejar nada al azar. Se exigía un control exhaustivo, riguroso, hasta el punto de tener que vigilar que, cualquier mirada no se contaminara mientras los visitantes observaban cómo las luces descalzas, caracoleaban entre las grietas del mar antes de apagarse, dada su torpeza. Era éste, un fenómeno que rara vez podía ser observado, de una belleza espectacular y que todos querían tener la oportunidad de ver.

Tareas como estas, formaban parte del cometido a realizar por un hombre deslumbrante, a quien tuve la ocasión de conocer durante el verano de 1.886, y que, por desgracia, jamás pude volver a ver.
El recuerdo hombre extraordinario que conoció.

Saludos
 

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