tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cae abrupta la ficción, tan invencible como la vida misma, desollando ilimitaciones tácitas emblemáticas, metódicamente desordenadas por una deconstrucción maldita; deliberando pasiones olvidadas, repatriando nostálgicas evocaciones somníferas, de las que nunca hube de volver.
Suelto las amarras de este buque paradójico del mal dolor tierras de ilusiones desencontradas, en los vértices de la nada, donde anidan los sueños mas temidos de cada ser, los sueños mas abominables, que usted tiene, en la secreta caja odiosamente reservada para esos momentos salvajes de ira, pasión u odio, correctamente adiestrados por el inconsciente el punto de ebullición de ese activismo funcional, que nace y muere en unos segundos de iracundia, de rabia y exacerbación conductiva; allí estará esperando la mentira, el ocultamiento, el disimulo impoluto, en la trastienda, tan deleznablemente exquisita, que nos ayudará a saborear e interpretar las vibraciones instintivas, evidenciando nuestra sensorial imagen gestual; nada mas que para evitar las mieles del corso macabro del desencuentro, que existe entre el pensamiento y el proceder, cual línea delgada inelástica, rebelde y mordaz, que nos obligará a bajar la guardia y a deslizarnos por una libre expresión expectante, causada por la incomodidad.
Es allí donde hablará nuestra esencia, liberando en un mínimo gesto de incomodidad, la verdadera faz de una emoción pura y real que perdurará unos pocos segundos en los que estaremos representados, como pocas veces, nosotros mismos.
Suelto las amarras de este buque paradójico del mal dolor tierras de ilusiones desencontradas, en los vértices de la nada, donde anidan los sueños mas temidos de cada ser, los sueños mas abominables, que usted tiene, en la secreta caja odiosamente reservada para esos momentos salvajes de ira, pasión u odio, correctamente adiestrados por el inconsciente el punto de ebullición de ese activismo funcional, que nace y muere en unos segundos de iracundia, de rabia y exacerbación conductiva; allí estará esperando la mentira, el ocultamiento, el disimulo impoluto, en la trastienda, tan deleznablemente exquisita, que nos ayudará a saborear e interpretar las vibraciones instintivas, evidenciando nuestra sensorial imagen gestual; nada mas que para evitar las mieles del corso macabro del desencuentro, que existe entre el pensamiento y el proceder, cual línea delgada inelástica, rebelde y mordaz, que nos obligará a bajar la guardia y a deslizarnos por una libre expresión expectante, causada por la incomodidad.
Es allí donde hablará nuestra esencia, liberando en un mínimo gesto de incomodidad, la verdadera faz de una emoción pura y real que perdurará unos pocos segundos en los que estaremos representados, como pocas veces, nosotros mismos.