café en chernobyl
Poeta recién llegado
Treno a Hiroshima
I
Los kamikazes revolotean como avispas... y la Desolación.
Un hombre y su martillo de madera,
con el cuero en la tabla, fija su mirada tras su ventana.
Revolución. Revoluciones de protones y Urano.
Una campesina con su cesto de arroz
palpa el agua del riachuelo que se dibuja en el carrizo.
Horror. Dolor de seno, de abrigo de niños.
¡Mis hijos!. El ruido blanco de antena, el golpe seco del aire.
Velocidad. Más velocidad. Los pies de cemento,
las pestañas de arenisca. Y el ¡Bum!
II
La clave Morse. La configuración de la radio de arce,
Moshi moshi? Una bola de grasa fluye en la garganta
y las gafas colgando del anular y el índice.
Preocupación.
Mi alma se trasmigra en lo más lejano de lo que existe,
no quiero ser más que la coma del Universo,
el punto final inspirado en una ciencia aún no resuelta,
el último pensamiento de mi dios. El dios que
nos abandono.
III
Los jeques, los virreyes, el emir.
El emperador, el rey, el imán. Nabucodonosor,
Napoleón, Aníbal. Alá, Siddhartha, Jesús.
Mi madre. Tu color de piel. La educación.
El amor. El violín, el automóvil. La PC.
Los. Ellas. Sol. Do. Re. Astigmatismo, Lepra.
Pastillas, mercurio. Elvis, Hitler. Bush.
La deformación. La transgresión. SOY DIOS; SOY DIOS;
SOY DIOS y piloteo el Enola Gay;
y el Litlle Boy.
IV
Macetas con árboles de bambú,
el jazmín flotando en un platón en la nevera,
el celaje que marcha como una carroza,
el céfiro que sopla en el tejado.
¿La gente?
¿La población?
¿El pueblo?
¿La patria?
¿La guerra?
¿La enfermedad?
¿La infinita soledad?
¿El infierno es de hielo?
¿Mamá que es el sexo? ¿Por qué hay gente mala?
¿Por qué hay gente pobre? ¿Por qué hay gente
que no tiene casa? Tú que eres tan buena
¿Les podrías ayudar?
V
El brindis con el champagne
y secándose la sangre con las mangas.
¡Salud! Hemos reunido la pólvora de nuestras balas.
Somos los más fuertes. Somos lo más grande.
-Sí lo haría otra vez.
Cabezas en la cacerola, lenguas en el horno.
El mantel y el discurso de un almirante.-
La primera orden:
Borremos esta historia,
poco a poco, como el cáncer a sus huesos.
Segunda orden:
Ya no se diga más.
I
Los kamikazes revolotean como avispas... y la Desolación.
Un hombre y su martillo de madera,
con el cuero en la tabla, fija su mirada tras su ventana.
Revolución. Revoluciones de protones y Urano.
Una campesina con su cesto de arroz
palpa el agua del riachuelo que se dibuja en el carrizo.
Horror. Dolor de seno, de abrigo de niños.
¡Mis hijos!. El ruido blanco de antena, el golpe seco del aire.
Velocidad. Más velocidad. Los pies de cemento,
las pestañas de arenisca. Y el ¡Bum!
II
La clave Morse. La configuración de la radio de arce,
Moshi moshi? Una bola de grasa fluye en la garganta
y las gafas colgando del anular y el índice.
Preocupación.
Mi alma se trasmigra en lo más lejano de lo que existe,
no quiero ser más que la coma del Universo,
el punto final inspirado en una ciencia aún no resuelta,
el último pensamiento de mi dios. El dios que
nos abandono.
III
Los jeques, los virreyes, el emir.
El emperador, el rey, el imán. Nabucodonosor,
Napoleón, Aníbal. Alá, Siddhartha, Jesús.
Mi madre. Tu color de piel. La educación.
El amor. El violín, el automóvil. La PC.
Los. Ellas. Sol. Do. Re. Astigmatismo, Lepra.
Pastillas, mercurio. Elvis, Hitler. Bush.
La deformación. La transgresión. SOY DIOS; SOY DIOS;
SOY DIOS y piloteo el Enola Gay;
y el Litlle Boy.
IV
Macetas con árboles de bambú,
el jazmín flotando en un platón en la nevera,
el celaje que marcha como una carroza,
el céfiro que sopla en el tejado.
¿La gente?
¿La población?
¿El pueblo?
¿La patria?
¿La guerra?
¿La enfermedad?
¿La infinita soledad?
¿El infierno es de hielo?
¿Mamá que es el sexo? ¿Por qué hay gente mala?
¿Por qué hay gente pobre? ¿Por qué hay gente
que no tiene casa? Tú que eres tan buena
¿Les podrías ayudar?
V
El brindis con el champagne
y secándose la sangre con las mangas.
¡Salud! Hemos reunido la pólvora de nuestras balas.
Somos los más fuertes. Somos lo más grande.
-Sí lo haría otra vez.
Cabezas en la cacerola, lenguas en el horno.
El mantel y el discurso de un almirante.-
La primera orden:
Borremos esta historia,
poco a poco, como el cáncer a sus huesos.
Segunda orden:
Ya no se diga más.