Permaneces en silencio como siempre,
no me miras, ni siquiera de reojo,
y no entiendo, tus silencios amor mío,
ni la sombra de tus rostros.
¿Qué nos ha pasado?
¿Qué nos ha movido?
Tú ya no eres el fuego,
ni yo el alcohol que lo encendía.
Que desarmaba tus trenzas doradas,
como en los cuentos de hadas para niños.
A veces se terminan las palabras,
simplemente se terminan.
Sobre todo en las noches como esta,
que no brilla la luna, ni reluce su belleza.
Que murió hace tiempo en un costado,
de las hojas de cuadernos de espiral,
jamás escritas.
no me miras, ni siquiera de reojo,
y no entiendo, tus silencios amor mío,
ni la sombra de tus rostros.
¿Qué nos ha pasado?
¿Qué nos ha movido?
Tú ya no eres el fuego,
ni yo el alcohol que lo encendía.
Que desarmaba tus trenzas doradas,
como en los cuentos de hadas para niños.
A veces se terminan las palabras,
simplemente se terminan.
Sobre todo en las noches como esta,
que no brilla la luna, ni reluce su belleza.
Que murió hace tiempo en un costado,
de las hojas de cuadernos de espiral,
jamás escritas.