Tres cuervos

hachesmudas

Poeta recién llegado
Tres cuervos se deshacen,
pluma a pluma, en mi cornisa,
y, en su singular soledad,
uno
me hace saber de un ímpetu terrenal
que les ha forjado
su ferviente deseo de la vida.

Los dos que restan
me avisan sobre el adelantado;
me graznan sinceridades
que sugieren que su pico está oxidado,
pues lo tratan de negrero.

Dicen que, tras sus ventanales de la vida,
no ve más que mi cornisa.

Entonces caen,
cediendo ante una brisa
que surge del aleteo de su plumaje.

Y de él dejan trazas en el aire
que dibujan su libertad
en forma de ave.

Hay tres cuervos desplumándose,
huevo a huevo, en mi cornisa,
y, en su plural soledad,
dos se pierden entre los cruces del aire.

Saben que,
aun llevándoles hacia nuevos páramos,
pueden romper sus plumas de papel.

Anhelan ese calor fraternal
que emana de su cubículo de hormigón.

¡Desdichados!
Ambos morirían por esa precaria libertad.

Solo entonces queda solo;
quedan sus plumas
negras como el carbón.
Es el primero y último de todos.

Su pico solo cede ante semillas
que surgen de las yemas de mis dedos,
y emana de él esa índole aventurera:
graznidos de nombre propio
y aleteos que solo gritan
que es libre, cuando le creen de escaso albedrío.

Hay tres cuervos,
y ninguno en mi cornisa.

Desaparecen, vienen, van.
Les he forjado a voluntad,
pero ya no concierne la suya en mí.

A ojos de otros,
dos vuelan en libertad.
 
Tres cuervos se deshacen,
pluma a pluma, en mi cornisa,
y, en su singular soledad,
uno
me hace saber de un ímpetu terrenal
que les ha forjado
su ferviente deseo de la vida.

Los dos que restan
me avisan sobre el adelantado;
me graznan sinceridades
que sugieren que su pico está oxidado,
pues lo tratan de negrero.

Dicen que, tras sus ventanales de la vida,
no ve más que mi cornisa.

Entonces caen,
cediendo ante una brisa
que surge del aleteo de su plumaje.

Y de él dejan trazas en el aire
que dibujan su libertad
en forma de ave.

Hay tres cuervos desplumándose,
huevo a huevo, en mi cornisa,
y, en su plural soledad,
dos se pierden entre los cruces del aire.

Saben que,
aun llevándoles hacia nuevos páramos,
pueden romper sus plumas de papel.

Anhelan ese calor fraternal
que emana de su cubículo de hormigón.

¡Desdichados!
Ambos morirían por esa precaria libertad.

Solo entonces queda solo;
quedan sus plumas
negras como el carbón.
Es el primero y último de todos.

Su pico solo cede ante semillas
que surgen de las yemas de mis dedos,
y emana de él esa índole aventurera:
graznidos de nombre propio
y aleteos que solo gritan
que es libre, cuando le creen de escaso albedrío.

Hay tres cuervos,
y ninguno en mi cornisa.

Desaparecen, vienen, van.
Les he forjado a voluntad,
pero ya no concierne la suya en mí.

A ojos de otros,
dos vuelan en libertad.
Me ha gustado su reflexión sobre el atractivo engañoso de la libertad y la conciencia solitaria de que la verdadera libertad puede no ser más que una frágil ilusión autoimpuesta.

Saludos
 
Me ha gustado su reflexión sobre el atractivo engañoso de la libertad y la conciencia solitaria de que la verdadera libertad puede no ser más que una frágil ilusión autoimpuesta.

Saludos
Los cuervos al final son eso, un diálogo interno, una lucha del yo. Y como se puede ver es inevitable que surjan estos dilemas. Gracias por tu lectura Alde, nos leemos.
 

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