Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ciento veinte días de encierro por cuarenta golpes menos uno me han tocado el alma, la vida y hasta los pensamientos en mi prisión aislada. Casi nadie sabe que estoy aquí en una habitación recóndita y perdida; bordada de rejas con candados grandes y fuertes que matan poco a poco la libertad y las esperanzas de vivir, solamente quien secuestró hasta mi voz es el único que sabe de mi ubicación.
Mi captor me despierta con regalos, que de no aceptarlos, podría matarme con puños más fríos que las cadenas con la que me ata a la pared o el doble grillete en mis tobillos. Aparentemente quiere que coma. Pero no me provoca nada, así que lo dejo allí. Espero morir de hambre. Ya no me importa. Lloro a veces cuando los lagrimales tienen agua para derramar. Y ya no me quejo, por cuanto no vale la pena expresar el auxilio en donde nadie me escuchará.
Por una pequeña ventana se nota que estoy como en un paraje solitario, en donde no hay sino una pequeña casa olvidada por los hombres vista desde lejos, y valga decir, que son los hombres quienes tienen miedo de llegar por estos lados del inframundo dantesco. No sé si será por el alambrado y el letrero de “no pase” o porque ven una sombra moviéndose en la oscuridad de un lado para el otro arrastrando cadenas.
Hace poco, recordaba la veces que podía ver el sol y sentir libremente la brisa de la mañana. Ahora ya tengo miedo siquiera tocar la puerta de hierro galvanizado. El temor aumenta cuando entra quien me exige algo que nunca le podré dar. Supongo que por ello, me come a golpes, violando cada centímetro de mi humanidad indefensa. Levanta lo que resta de mi falda y entra violento a mi dignidad, como si creyese que con eso, me hace feliz. De ahí los cuarenta golpes menos uno que he recibido ya.
Como gesto de buen “comportamiento” de mi parte, me dio este pc para poder escribir mis miserias, mis pusilánimes idioteces, algunas de esperanza fuera de la realidad y otras llenas de llanto. Sé que esto es lo único que quedará de mí. ¿Sabes? Las cadenas incomodan un poco porque no me alcanza la mano para llegar a teclear bien, y de tanto tenerlas en mis muñecas ya me parecen bonitas.
Últimamente y por las noches, se enciende una pequeña luz verde desde la parte de arriba de puerta, parece una luz led , De mirarla tatas veces, llegué a la conclusión que debe ser una cámara, lo digo porque cada vez que intento jalar la ventana para ver si puedo abrirla, por la puerta se abre la rejilla y me mira. De esto van seis veces este mes. Dejé de intentar.
Curiosamente puedo acceder a internet, pero siempre algo bloquea la ayuda. Dejé de intentar. Dejé de resistir. Dejé de soñar por última vez. Ya no sueño por temor a creer, o creer para no dormir. No se puede dormir aquí. En cualquier momento entra y…
Ya no es posible llover, la sequía por estos días es grande y el monte se ha convertido en algo desolado. Todo tiene sed y los incendios a la distancia se ven con frecuencia, llegando hasta mí las cenizas lejanas que arrastra el viento. Pero me han venido con ellas ideas para poder escribir otro poema de castigo más. Uno final y definitivo, pues sé que mi cuerpo no saldrá nunca de aquí. Es hora de hacer algo por lo que queda de mí, mi espíritu. Así que empecé a escribir tres poemas con las metáforas más inentendibles del mundo, más solo los que tienen perspicacia, contarán mi historia a la posteridad, donde creo yo, podré sobrevivir.
Uno de ellos será la entrega de mi regalo al cielo bendito que reciba mi alma, a quien le daré las gracias por esta existencia que tuve en esta oscuridad. La otra será para gasolina y los cerillos que encenderán una fogata tan grande que elevará mi espíritu a dimensiones solitarias y la última será para quien amarró mi libertad, pues después de mí, sus cadenas se quedarán en soledad.
Mi captor me despierta con regalos, que de no aceptarlos, podría matarme con puños más fríos que las cadenas con la que me ata a la pared o el doble grillete en mis tobillos. Aparentemente quiere que coma. Pero no me provoca nada, así que lo dejo allí. Espero morir de hambre. Ya no me importa. Lloro a veces cuando los lagrimales tienen agua para derramar. Y ya no me quejo, por cuanto no vale la pena expresar el auxilio en donde nadie me escuchará.
Por una pequeña ventana se nota que estoy como en un paraje solitario, en donde no hay sino una pequeña casa olvidada por los hombres vista desde lejos, y valga decir, que son los hombres quienes tienen miedo de llegar por estos lados del inframundo dantesco. No sé si será por el alambrado y el letrero de “no pase” o porque ven una sombra moviéndose en la oscuridad de un lado para el otro arrastrando cadenas.
Hace poco, recordaba la veces que podía ver el sol y sentir libremente la brisa de la mañana. Ahora ya tengo miedo siquiera tocar la puerta de hierro galvanizado. El temor aumenta cuando entra quien me exige algo que nunca le podré dar. Supongo que por ello, me come a golpes, violando cada centímetro de mi humanidad indefensa. Levanta lo que resta de mi falda y entra violento a mi dignidad, como si creyese que con eso, me hace feliz. De ahí los cuarenta golpes menos uno que he recibido ya.
Como gesto de buen “comportamiento” de mi parte, me dio este pc para poder escribir mis miserias, mis pusilánimes idioteces, algunas de esperanza fuera de la realidad y otras llenas de llanto. Sé que esto es lo único que quedará de mí. ¿Sabes? Las cadenas incomodan un poco porque no me alcanza la mano para llegar a teclear bien, y de tanto tenerlas en mis muñecas ya me parecen bonitas.
Últimamente y por las noches, se enciende una pequeña luz verde desde la parte de arriba de puerta, parece una luz led , De mirarla tatas veces, llegué a la conclusión que debe ser una cámara, lo digo porque cada vez que intento jalar la ventana para ver si puedo abrirla, por la puerta se abre la rejilla y me mira. De esto van seis veces este mes. Dejé de intentar.
Curiosamente puedo acceder a internet, pero siempre algo bloquea la ayuda. Dejé de intentar. Dejé de resistir. Dejé de soñar por última vez. Ya no sueño por temor a creer, o creer para no dormir. No se puede dormir aquí. En cualquier momento entra y…
Ya no es posible llover, la sequía por estos días es grande y el monte se ha convertido en algo desolado. Todo tiene sed y los incendios a la distancia se ven con frecuencia, llegando hasta mí las cenizas lejanas que arrastra el viento. Pero me han venido con ellas ideas para poder escribir otro poema de castigo más. Uno final y definitivo, pues sé que mi cuerpo no saldrá nunca de aquí. Es hora de hacer algo por lo que queda de mí, mi espíritu. Así que empecé a escribir tres poemas con las metáforas más inentendibles del mundo, más solo los que tienen perspicacia, contarán mi historia a la posteridad, donde creo yo, podré sobrevivir.
Uno de ellos será la entrega de mi regalo al cielo bendito que reciba mi alma, a quien le daré las gracias por esta existencia que tuve en esta oscuridad. La otra será para gasolina y los cerillos que encenderán una fogata tan grande que elevará mi espíritu a dimensiones solitarias y la última será para quien amarró mi libertad, pues después de mí, sus cadenas se quedarán en soledad.
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