Arnet Fatheb Grothen
Poeta que considera el portal su segunda casa
Siento la vergüenza que me arropa,
queriendo doblegarme a sus estigmas
y junto a lo que soy, su voz me hace
testigo de esta diáspora nociva,
me tienta develándose en infames
tentáculos de absurda anfetamina;
ventiscas de esta tierra me han cambiado
los sueños en sembrados sin semillas.
El ósculo perverso de las tardes
transforma la esperanza en una duda,
al borde del umbral en un plañido,
se quedan los seísmos sin fortuna:
esos gritos de hambre que no duelen,
la protesta ignorada en una burla
y el tirano que arroja como bestia
su rueda de rencores y locura.
La sangre de valientes se destiñe,
y el oro que expolió la cruel perfidia,
tan solo entre las nubes y borrascas,
queda el azul del cielo que respira
las ansias de abolir toda esta infamia
que rae al tricolor y lo mancilla,
pero aun en la agonía se oye el grito:
del ¡abajo cadenas! Que germina.
Última edición: