Luciana Rubio
Poeta veterano en el portal
Es esta hambre de amor que me congela,
me amorata los labios blanquecinos,
me produce un tremor como de encinos
que responden al céfiro que yela.
Del amor ya no queda ni la estela,
alcanzó el horizonte sin caminos,
las estrellas torcieron los destinos
y los dioses firmaron ya la esquela.
Desencajada, pálida, ojerosa,
veo pasar la vida salerosa
que provoca pasiones a su paso
y me brilla el deseo en los pezones
más sus ojos se van buscando sones,
no me mira siquiera, triste caso.