Hoover White
Poeta adicto al portal
En este mundo estamos solos
efímera compañía;
buscando bálsamos eternos
en lánguidos caminos
para silenciar este dolor
de nuestro espíritu yaciente.
¡Oh, compañía esplendida!
Abrázame fuerte, furente
que como bóreas te vas
y partiendo
¿Cuál es la realidad?
Si me mata la inercia,
la falta de mesura, lo añejo
y estos mil momentos
que se hacen tu idilio
y metalesce el vacío.
¡Oh, compañía!
Dulce y errante compañía,
candidez de agonía
quizá no vuelvas a mí
y me fundas lúgubre y fusco
en la llana vértice
donde un día vi tan esplín.
Te vas, fugaz compañía,
tan furtiva entre la vereda
y los verdegales de inconsciencia
que te cubren.
Triste amiga mía, ante mí
no puedo ver tu partida
solo la muda llegada
de esta infausta soledad
donde se agrieta mi alma
y se surcan las lágrimas,
rodando fúnebres
a la sinfonía en calma.
¡Oh, compañía!
A ti: un verso, una cantata,
un soneto y solloce tu esencia
Y ya cuando partas
y no te pueda ver;
dejaré en tu espiga dorada
la trova que compuse ayer.
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La compañía es un espacio que desconecta por un momento la soledad
de nuestras vidas. – Hoover White.
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