Triste naranjo

ivoralgor

Poeta fiel al portal
El racimo de nostalgia vagaba por la finca “Los Girasoles”. El calor de verano hacía gala de inoportunidad. El sudor surcaba el cuerpo entero de Gustavo a pesar de estar cobijado por la sombra de un naranjo. El rostro de Gabriela estaba descompuesto del todo. Los ojos lo traía hinchados de tanto llorar. La tierra roja estaba intentando sorber un poco de sudor para mitigar su sed.

- ¿Qué quieres que te diga? – con sobrado llanto Gabriela le preguntaba.

El silencio llenó los ojos de Gustavo. Cabizbajo pateó una piedra que se encontraba a su paso.

- No lo sé. Lo único que sé es que estoy muriendo y nada más me importa.
- No digas eso que me duele mucho. Te amo.

Esa confesión sacudió las entrañas de Gustavo. Levantó la mirada lentamente. Agazapado a la pena intentó no llorar.

- ¿Por qué me dices eso ahora? ¿No crees qué es un poco tarde para eso?
- No lo es. Contigo quiero pasar las últimas horas de vida que te quede.
- No seas absurda Gabriela. Estoy cansado, harto de escuchar que todos me quieren ayudar a vivir. Lo que necesito es morir para no sufrir este infierno en el que estoy.

El llanto llenó su boca dejando las palabras ahogadas en sus adentros. El sol se iba lentamente, se despedía del adusto naranjo que relamía melancólicamente los frutos que pendían de sus ramas. La brisa mecía los largos cabellos de Gabriela cubriendo su rostro inconsolable.

- Te prometo que te amaré eternamente.
- No prometas nada, te lo suplico. No entiendes que estoy muriendo, estoy desahuciado.
- No me importa nada. Es una promesa que me hago a mí misma porque te amo desde que éramos niños. Aún no olvido el primer beso que me diste en las caballerizas. Tu padre casi nos descubre. ¿Lo recuerdas?
- Sí, lo recuerdo. Esa noche no pude dormir.
- El que no entiende eres tú. Lo que siento aquí adentro no lo puedo explicar, es demasiado que me quema entera. Por las noches despierto sudada y temblorosa y cuando ya no aguanto más me pongo a llorar.
- No sigas, por favor.
- Tengo que decírtelo, me hace mucha falta hacerlo.
- Si tanto me amas déjame morir. Sólo te pido una última cosa.

Gustavo tragó saliva con dificultad, apretó el puño derecho y soltó las palabras inconcientemente.

- Dile a mi madre que la amo. Gabriela… porque te amo no quiero que te aferres a un moribundo. Sí, lo escuchaste bien, te amo. Mereces una vida mejor y ser feliz con un hombre de bien. Nacho te quiere mucho, me lo ha dicho, y daría la vida por ti.
- ¡Cállate! Yo sólo tengo ojos para ti y nadie más.

Gustavo lentamente le dio la espalda a Gabriela y sacó de su camisa un revólver automático 9 mm. Se encañonó la boca he hizo detonar el arma. Los gritos de Gabriela cimbraron “Los Girasoles”.

- ¡No! ¡Gustavo! ¡No!

Se llevó las manos a la cabeza. Con la impotencia en todo el cuerpo se dejó caer sobre el cuerpo ensangrentado de Gustavo. Tomó el arma que se encontraba a unos pasos de ella y se encañonó la boca.

- Sin ti ya no importa vivir.

Hizo detonar el arma y cayó sobre el cuerpo de Gustavo. Las detonaciones hicieron relinchar a los caballos. El caporal, padre de Gabriela, salió asustado y pistola en mano a ver que sucedía. A lo lejos vio los cuerpos inertes.

- ¡Gabriela!

Los funerales fueron agobiantes y tristes. La tragedia derrumbó las entrañas de Don Artemio, dueño de “Los Girasoles”. Gustavo era su único hijo y heredero. Decidió vender la finca y abandonarlo todo. Del naranjo ahora brotan frutos secos en señal de tristeza. Dos letras “G” entrelazadas lloran sangre, letras que Gustavo y Gabriela acuñaron después de su primer beso en las caballerizas prometiéndose amarse hasta la muerte.
 
Última edición:
Cuando la vida pierde su sentido. Romeo y Julieta es lo que me ha sugerido tu prosa. Son muchos los amantes en la historia que no pueden soportar la ausencia.

Estrellas
 
Cuando la vida pierde su sentido. Romeo y Julieta es lo que me ha sugerido tu prosa. Son muchos los amantes en la historia que no pueden soportar la ausencia.

Estrellas

Agradezcos tus estrellas :)

Hacía mucho tiempo que no releía esta historia que escribí... la ausencia a veces es degarradora, más que la muerte...

Saludos.
 

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