PAIRO
Poeta recién llegado
Las murallas nos aplastan,
cercenan la libertad,
las corruptelas hambrientas
abren las enormes brechas
que nunca se han de cubrir.
El tirano en su ilusión
suelta la falaz palabra,
habla de un mejor futuro
ignorando lo rotundo.
Pobreza, injusticia y más
como cubrir su mentira,
como desconocer la presencia
de esta triste realidad,
El ocre se huele a kilómetros,
en la gran selva de asfalto,
y el extraño moribundo
se mira las tintas
que bañan su cuerpo.
No llegará a su morada,
ni complacerá a los suyos,
el ambiente colmado de luto
no lo cubrirá lo justo.
La bestia se esconderá,
entre las oscuras sombras,
donde no se note el duelo,
se preñara con lo absurdo
dando vida a lo insoluto.
El obrero se consume
en el explotar del hombre,
en esa clase embustera
que le marca las entrañas.
El mercenario lo absorbe
como si fuera ganado,
no más tiempo con sus seres,
condenado a la miseria.
Amartilla, carga y palea,
nunca acaba la faena,
llega el sol,
se van las sombras,
y el siervo se quiebra el lomo
por insípidas migajas
que jamás lo saciaran.
El hombre tieso en el tiempo
mira triste en su pasado,
las penas que lleva marcadas
convertidas en miseria.
Se escucha el canto del extraño
que se extingue con el paso,
olvidando los recuerdos
que dejaron sus ancestros.
Y a lo lejos
La Sodoma ebria,
envuelta en opacas luces,
consumiendo los paisajes
que se vistieron de asfalto.
Llora y grita el ciudadano,
se agazapa en el engaño,
mira duro su futuro
pero se aferra al presente.
Se ajusta al control social
que le marca el vendaval,
el tirano le promete
y el ciudadano ofuscado
sólo acepta ser su esclavo.
El futuro pinta turbio
sin el abrazo del pueblo,
sin la letanía de lucha
que afloré su dignidad,
en esta triste realidad.
cercenan la libertad,
las corruptelas hambrientas
abren las enormes brechas
que nunca se han de cubrir.
El tirano en su ilusión
suelta la falaz palabra,
habla de un mejor futuro
ignorando lo rotundo.
Pobreza, injusticia y más
como cubrir su mentira,
como desconocer la presencia
de esta triste realidad,
El ocre se huele a kilómetros,
en la gran selva de asfalto,
y el extraño moribundo
se mira las tintas
que bañan su cuerpo.
No llegará a su morada,
ni complacerá a los suyos,
el ambiente colmado de luto
no lo cubrirá lo justo.
La bestia se esconderá,
entre las oscuras sombras,
donde no se note el duelo,
se preñara con lo absurdo
dando vida a lo insoluto.
El obrero se consume
en el explotar del hombre,
en esa clase embustera
que le marca las entrañas.
El mercenario lo absorbe
como si fuera ganado,
no más tiempo con sus seres,
condenado a la miseria.
Amartilla, carga y palea,
nunca acaba la faena,
llega el sol,
se van las sombras,
y el siervo se quiebra el lomo
por insípidas migajas
que jamás lo saciaran.
El hombre tieso en el tiempo
mira triste en su pasado,
las penas que lleva marcadas
convertidas en miseria.
Se escucha el canto del extraño
que se extingue con el paso,
olvidando los recuerdos
que dejaron sus ancestros.
Y a lo lejos
La Sodoma ebria,
envuelta en opacas luces,
consumiendo los paisajes
que se vistieron de asfalto.
Llora y grita el ciudadano,
se agazapa en el engaño,
mira duro su futuro
pero se aferra al presente.
Se ajusta al control social
que le marca el vendaval,
el tirano le promete
y el ciudadano ofuscado
sólo acepta ser su esclavo.
El futuro pinta turbio
sin el abrazo del pueblo,
sin la letanía de lucha
que afloré su dignidad,
en esta triste realidad.