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triste romance del cerdito enamorado

carpin

Poeta recién llegado
En una noche sin luna
y fría noche de Enero,
bajo la capa de estrellas
que prenden del firmamento,
el cerdito y la cerdita
se juran amor eterno
y acrecientan en gruñidos
el devenir de sus sueños.
Él la mira y le acaricia
con su hocico. Y se dan besos
enlazando sus dos bocas
en consentido cortejo.
Y pasean por la granja…
y se afanan sobre el heno…
y alzan mullido forraje
como improvisado lecho,
estructurando un futuro
plagado de luz y ensueño.
Nunca hubo tanta poesía
pertrechada en tanto verso.

A la mañana siguiente,
fría mañana de invierno,
ataviado en sinsabores
llega alterado el granjero,
escupiendo maldiciones
y bramando juramentos.
Trae garrote en la mano
y en el corazón veneno.
Se aproxima a la cerdita
y tras un grito severo,
consigue embutirla a golpes
en fría jaula de hierro.
¿Por qué…? -pregunta el cerdito-
al ver lo que está ocurriendo.
Se aproxima hacia su amada,
que le sonríe en silencio,
y le susurra al oído
palabras de amor. Y un beso
con sabor a despedida
se expande como un lamento.
Ya llevan a la cerdita
en la carreta del heno,
arrebujada en su jaula,
camino del matadero.

Qué sólo queda el cerdito,
herido de amor y preso
en la imagen de su amada,
sus besos y sus recuerdos,
con lágrimas en los ojos
y la mirada hacia el cielo.
Pasaron muy pocos días,
fue ese mismo mes de Enero,
una mañana muy fría
cuando lo encontró el granjero
tendido sobre el forraje
que improvisaba de lecho.
Su boca estaba cerrada,
los ojitos semiabiertos,
el semblante taciturno…
¡estaba el cerdito muerto!

Las frías noches sin luna…
las frías noches de Enero
cuando las estrellas juegan
brillando tras los luceros,
cuentan, que allá pueden verse
allá arriba, allá en el Cielo,
al cerdito y la cerdita
jugando…siempre sonriendo,
juntos y viviendo al fin,
felices, todos sus sueños.
 
Una historia realmente preciosa, Carpin; yo, que soy un cinéfio empedernido, le propondría a algún guionista que leyese este hermoso y romántico romance que desarrollara esta hitoria para hacer un corto (o un largo) de animación con esta pareja cerda (y lo digo sin ánimo de insultar, naturalmente).

Vuelvo a repetírtelo, amigo : es un mágnífico trabajo.

Un cordial saludo.

En una noche sin luna
y fría noche de Enero,
bajo la capa de estrellas
que prenden del firmamento,
el cerdito y la cerdita
se juran amor eterno
y acrecientan en gruñidos
el devenir de sus sueños.
Él la mira y le acaricia
con su hocico. Y se dan besos
enlazando sus dos bocas
en consentido cortejo.
Y pasean por la granja…
y se afanan sobre el heno…
y alzan mullido forraje
como improvisado lecho,
estructurando un futuro
plagado de luz y ensueño.
Nunca hubo tanta poesía
pertrechada en tanto verso.

A la mañana siguiente,
fría mañana de invierno,
ataviado en sinsabores
llega alterado el granjero,
escupiendo maldiciones
y bramando juramentos.
Trae garrote en la mano
y en el corazón veneno.
Se aproxima a la cerdita
y tras un grito severo,
consigue embutirla a golpes
en fría jaula de hierro.
¿Por qué…? -pregunta el cerdito-
al ver lo que está ocurriendo.
Se aproxima hacia su amada,
que le sonríe en silencio,
y le susurra al oído
palabras de amor. Y un beso
con sabor a despedida
se expande como un lamento.
Ya llevan a la cerdita
en la carreta del heno,
arrebujada en su jaula,
camino del matadero.

Qué sólo queda el cerdito,
herido de amor y preso
en la imagen de su amada,
sus besos y sus recuerdos,
con lágrimas en los ojos
y la mirada hacia el cielo.
Pasaron muy pocos días,
fue ese mismo mes de Enero,
una mañana muy fría
cuando lo encontró el granjero
tendido sobre el forraje
que improvisaba de lecho.
Su boca estaba cerrada,
los ojitos semiabiertos,
el semblante taciturno…
¡estaba el cerdito muerto!

Las frías noches sin luna…
las frías noches de Enero
cuando las estrellas juegan
brillando tras los luceros,
cuentan, que allá pueden verse
allá arriba, allá en el Cielo,
al cerdito y la cerdita
jugando…siempre sonriendo,
juntos y viviendo al fin,
felices, todos sus sueños.
 
Una historia realmente preciosa, Carpin; yo, que soy un cinéfio empedernido, le propondría a algún guionista que leyese este hermoso y romántico romance que desarrollara esta hitoria para hacer un corto (o un largo) de animación con esta pareja cerda (y lo digo sin ánimo de insultar, naturalmente).

Vuelvo a repetírtelo, amigo : es un mágnífico trabajo.

Un cordial saludo.


Me has alegrado el día, jmacgar. De verdad que me lo has alegrado. Soy una persona que valora mucho tu opinión y que hagas una valoración tan positiva del poema, me ha llenado de satisfacción. Yo, personalmente creo que en las composiciones poéticas, cualquier tema es digno de ser tratado, y he pensado que con la tierna historia de amor de dos cerditos podría llegar a crearse un poema original y lleno de sensibilidad. Lo dicho jmacgar, muchas gracias por tus alentadoras palabras y recibe un cordial saludo.
 
Me has alegrado el día, jmacgar. De verdad que me lo has alegrado. Soy una persona que valora mucho tu opinión y que hagas una valoración tan positiva del poema, me ha llenado de satisfacción. Yo, personalmente creo que en las composiciones poéticas, cualquier tema es digno de ser tratado, y he pensado que con la tierna historia de amor de dos cerditos podría llegar a crearse un poema original y lleno de sensibilidad. Lo dicho jmacgar, muchas gracias por tus alentadoras palabras y recibe un cordial saludo.

Yo diría que más que "digno de ser tratado", Carpin, la frase correcta sería : " cualquier tema es susceptible de ser tratado en poesía"; lo que le da dignidad es la forma en que se haga, y este tuyo ha sido hecho con una gran dignidad y con mucha poesía.

Abrazo.
 
En una noche sin luna
y fría noche de Enero,
bajo la capa de estrellas
que prenden del firmamento,
el cerdito y la cerdita
se juran amor eterno
y acrecientan en gruñidos
el devenir de sus sueños.
Él la mira y le acaricia
con su hocico. Y se dan besos
enlazando sus dos bocas
en consentido cortejo.
Y pasean por la granja…
y se afanan sobre el heno…
y alzan mullido forraje
como improvisado lecho,
estructurando un futuro
plagado de luz y ensueño.
Nunca hubo tanta poesía
pertrechada en tanto verso.

A la mañana siguiente,
fría mañana de invierno,
ataviado en sinsabores
llega alterado el granjero,
escupiendo maldiciones
y bramando juramentos.
Trae garrote en la mano
y en el corazón veneno.
Se aproxima a la cerdita
y tras un grito severo,
consigue embutirla a golpes
en fría jaula de hierro.
¿Por qué…? -pregunta el cerdito-
al ver lo que está ocurriendo.
Se aproxima hacia su amada,
que le sonríe en silencio,
y le susurra al oído
palabras de amor. Y un beso
con sabor a despedida
se expande como un lamento.
Ya llevan a la cerdita
en la carreta del heno,
arrebujada en su jaula,
camino del matadero.

Qué sólo queda el cerdito,
herido de amor y preso
en la imagen de su amada,
sus besos y sus recuerdos,
con lágrimas en los ojos
y la mirada hacia el cielo.
Pasaron muy pocos días,
fue ese mismo mes de Enero,
una mañana muy fría
cuando lo encontró el granjero
tendido sobre el forraje
que improvisaba de lecho.
Su boca estaba cerrada,
los ojitos semiabiertos,
el semblante taciturno…
¡estaba el cerdito muerto!

Las frías noches sin luna…
las frías noches de Enero
cuando las estrellas juegan
brillando tras los luceros,
cuentan, que allá pueden verse
allá arriba, allá en el Cielo,
al cerdito y la cerdita
jugando…siempre sonriendo,
juntos y viviendo al fin,
felices, todos sus sueños.


¡FANTASTICO! carpín,

Menudo romance que te has marcado. Me ha gustado muchísimo. Es de esos poemas que deberían estar escritos con letras de oro. Veo que ha hecho efecto el consejo que te di acerca de que no hicieses caso a las críticas.

Un saludo.

Miguel Ángel.
 
Y yo, que soy animalista confeso te digo que tu historia me ha conmovido hasta las trancas, amigo Carpin.
Buen trabajo, sin duda.

Un cordial saludo.


Muy amable, Vicente. He de decirte que vivo en un pequeño pueblo de Aragón y estos últimos tres años he estado trabajando de peón en una granja porcina de la localidad. Aunque parezca mentira y a riesgo de que alguien me llame loco, he de confesarte que he vivido las reacciones de los lechones y cerditos, y son similares a las de las personas. Sienten el miedo, la angustia, la alegría... Llegas a cogerles cierto cariño, viendo su comportamiento tan "humano". También he de decirte que las granjas no son ningún santuario para los animales. Ni mucho menos. Fue allí, donde me inspiré hace unos días para escribir el Romance del cerdito. Un fuerte abrazo, Vicente.
 
¡FANTASTICO! carpín,

Menudo romance que te has marcado. Me ha gustado muchísimo. Es de esos poemas que deberían estar escritos con letras de oro. Veo que ha hecho efecto el consejo que te di acerca de que no hicieses caso a las críticas.

Un saludo.

Miguel Ángel.



Muchas gracias por tus palabras, amigo Miguel Angel, y gracias también por tus sabios consejos. Me alegra que el poema te haya gustado y agradezco tu comentario. Un fuerte abrazo.
 
Yo diría que más que "digno de ser tratado", Carpin, la frase correcta sería : " cualquier tema es susceptible de ser tratado en poesía"; lo que le da dignidad es la forma en que se haga, y este tuyo ha sido hecho con una gran dignidad y con mucha poesía.

Abrazo.


Gracias por tus palabras, amigo. Muchas gracias.
 
Yo soy la margarita de los animales, que tristeza al leer los bellísimos versos de esta tierna historia, me ha gustado mucho ,tanto su forma técnica como el fondo de esta,marga
En una noche sin luna
y fría noche de Enero,
bajo la capa de estrellas
que prenden del firmamento,
el cerdito y la cerdita
se juran amor eterno
y acrecientan en gruñidos
el devenir de sus sueños.
Él la mira y le acaricia
con su hocico. Y se dan besos
enlazando sus dos bocas
en consentido cortejo.
Y pasean por la granja…
y se afanan sobre el heno…
y alzan mullido forraje
como improvisado lecho,
estructurando un futuro
plagado de luz y ensueño.
Nunca hubo tanta poesía
pertrechada en tanto verso.

A la mañana siguiente,
fría mañana de invierno,
ataviado en sinsabores
llega alterado el granjero,
escupiendo maldiciones
y bramando juramentos.
Trae garrote en la mano
y en el corazón veneno.
Se aproxima a la cerdita
y tras un grito severo,
consigue embutirla a golpes
en fría jaula de hierro.
¿Por qué…? -pregunta el cerdito-
al ver lo que está ocurriendo.
Se aproxima hacia su amada,
que le sonríe en silencio,
y le susurra al oído
palabras de amor. Y un beso
con sabor a despedida
se expande como un lamento.
Ya llevan a la cerdita
en la carreta del heno,
arrebujada en su jaula,
camino del matadero.

Qué sólo queda el cerdito,
herido de amor y preso
en la imagen de su amada,
sus besos y sus recuerdos,
con lágrimas en los ojos
y la mirada hacia el cielo.
Pasaron muy pocos días,
fue ese mismo mes de Enero,
una mañana muy fría
cuando lo encontró el granjero
tendido sobre el forraje
que improvisaba de lecho.
Su boca estaba cerrada,
los ojitos semiabiertos,
el semblante taciturno…
¡estaba el cerdito muerto!

Las frías noches sin luna…
las frías noches de Enero
cuando las estrellas juegan
brillando tras los luceros,
cuentan, que allá pueden verse
allá arriba, allá en el Cielo,
al cerdito y la cerdita
jugando…siempre sonriendo,
juntos y viviendo al fin,
felices, todos sus sueños.
 

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