TRISTES SOLES DEL OTOÑO
Desde los soles tristes del otoño
esparcen las gaviotas residuos estatuarios
alimento de parques y alamedas clausuradas.
Ojos ciegos se preguntan
¿dónde llevasteis a mi amada?
mientras los latidos se hacen débiles
como pabilos sin júbilo.
Ruedan los gritos sin sangre de los que callan amores
y las aves heridas retornan al rumor de las fuentes desecadas
buscando, buscando despavoridas
aquellos ojos abiertos
por los que penetrar el alma.
Amantes desguarnecidos de las tardes provincianas,
homenajes sin destino, prisiones de nubes blancas,
os ofrezco mi sangre espesa
mi corazón antes brasa
pero detened este oprobio de máquinas y espeluncas.
Mis manos desde sus llagas crispadas
como los tristes soles de otoño
son ventanas desde las que las gaviotas
vuelan en gritos concéntricos
para raptar a las novias del crepúsculo
mientras los hombres rezan y callan.
Viejos arados en el mar azuzan a las sirenas varadas
y barquitos acezantes las espantan con sus silbos pastoriles.
Armonías interruptas, ritmos vacíos de entropía,
así desfallecen las viejas culturas
mientras los oboes dan paso a los cisnes negros teutónicos.
Gaviotas de alas circunflejas
horrísonos graznidos en el alba
devorad, devorad en paz cuanto queda
de estas tierras que son patrias.
Los tristes soles del otoño seguirán su devenir dorado,
la Muerte les aguarda tras las montañas.
Desde los soles tristes del otoño
esparcen las gaviotas residuos estatuarios
alimento de parques y alamedas clausuradas.
Ojos ciegos se preguntan
¿dónde llevasteis a mi amada?
mientras los latidos se hacen débiles
como pabilos sin júbilo.
Ruedan los gritos sin sangre de los que callan amores
y las aves heridas retornan al rumor de las fuentes desecadas
buscando, buscando despavoridas
aquellos ojos abiertos
por los que penetrar el alma.
Amantes desguarnecidos de las tardes provincianas,
homenajes sin destino, prisiones de nubes blancas,
os ofrezco mi sangre espesa
mi corazón antes brasa
pero detened este oprobio de máquinas y espeluncas.
Mis manos desde sus llagas crispadas
como los tristes soles de otoño
son ventanas desde las que las gaviotas
vuelan en gritos concéntricos
para raptar a las novias del crepúsculo
mientras los hombres rezan y callan.
Viejos arados en el mar azuzan a las sirenas varadas
y barquitos acezantes las espantan con sus silbos pastoriles.
Armonías interruptas, ritmos vacíos de entropía,
así desfallecen las viejas culturas
mientras los oboes dan paso a los cisnes negros teutónicos.
Gaviotas de alas circunflejas
horrísonos graznidos en el alba
devorad, devorad en paz cuanto queda
de estas tierras que son patrias.
Los tristes soles del otoño seguirán su devenir dorado,
la Muerte les aguarda tras las montañas.