Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
La casa sigue triste.
Su corazón de péndulo,
impávido mantiene
a raya el gran silencio.
Y las cosas, las cosas
resguardando secretos,
se reaniman algunas
al toque de un reflejo.
Yo me fui lejos, mucho
y ante un mundo risueño,
en nocturna conducta
ostenté aquel misterio.
Mas, la casa, el destino,
hoy me tornan escéptico
a la mansa belleza
de lo triste y sincero.
He venido a quitarme
mis quimeras y cuerpo.
Seré otro tan solo
de los que aquí presiento.
Humilde seré otro
de los que me quisieron,
rendiré a su caricia
mi leal sentimiento.
Y me mixturaré,
como dogma o desecho,
con lo noble y juicioso
de lo imperecedero.
Su corazón de péndulo,
impávido mantiene
a raya el gran silencio.
Y las cosas, las cosas
resguardando secretos,
se reaniman algunas
al toque de un reflejo.
Yo me fui lejos, mucho
y ante un mundo risueño,
en nocturna conducta
ostenté aquel misterio.
Mas, la casa, el destino,
hoy me tornan escéptico
a la mansa belleza
de lo triste y sincero.
He venido a quitarme
mis quimeras y cuerpo.
Seré otro tan solo
de los que aquí presiento.
Humilde seré otro
de los que me quisieron,
rendiré a su caricia
mi leal sentimiento.
Y me mixturaré,
como dogma o desecho,
con lo noble y juicioso
de lo imperecedero.