A los de esta parte del hemisferio, César, que muchas veces nos creemos estúpidamente ser el ombligo del mundo, nos suena muy raro oir decir que Febrero es verano cuando nosotros por acá estamos pasando frío y nevadas (bueno, no por fortuna en estas islas mías, pero sí algo más al norte); esta mañana he oído decir por la radio que en Euskadi van a abrir los albergues las noches que, como la de anoche, la temperatura baja de cero grados para que se refugien los sin techo; entrevistaron a uno de ellos que decía que porqué ese inhumana norma si a cero grados o dos o tres grados sobre cero también hace un frío tremendo.
Bueno, pero por volver a tu bellísima prosa, amigo, te diré que has hecho en solo cuatro o cinco líneas una descripción de altísima altura poética ante la que me descubro.
Mi sincero agradecimiento por este regalo que nos haces.
Un abrazo.
Cuando niño, como a los hijos de José Arcadio Buendía cuando su padre los llevó a conocer el hielo que portaban los gitanos, fui inducido por mi padre a conocer el hielo seco. Lo hizo con la poesía sencilla y amorosa con que los obreros inducen a sus hijos a la vida: "Mi Llave (así me decía), este es hielo seco... mira, se evapora; ¡No, no, no lo toques... quema!" No pude resistirme a tocar aquel contradictorio milagro, y por supuesto, recibí mi quemada en el dedo índice derecho. Así entendí que para que algo queme como un verano, debe estar o demasiado caliente, o demasiado frío.
El corazón de algunas personas es así. Absolutamente reseco y agostado de calores, o frío y yermo como hielo quemante. ¡A diez grados celsius ya es demasiado frío para soportar una noche! Tiene tanta razón esa persona que escuchaste. El excesivo calor también mata personas.
Al verano venezolano y del trópico aquí le decimos estación seca. Va de diciembre a mayo. En mayo llegan las lluvias. Algunas plantas, como los araguaneyes y los bucares, florecen con el verano. La gran mayoría de las plantas se desprenden por completo de sus hojas, en un esfuerzo por minimizar la transpiración y conservar en los tallos los resquicios de agua que les queda de la temporada de aguas. ¡El calor inmenso del verano! Es un calor en tonos ocres, sin brisa, silencioso... con un sol todo luz inclemente. En muchos sitios la tierra se resquebraja y el aire es caliente hasta para respirarlo.
Sí, mientras tiritan de frío los inmigrantes y los despojados de sus techos en la Europa, aquí el calor se tiende poderoso sobre nuestras almas.
Hermano, muchísimas gracias por acercarte a mis líneas y dejarme esas impresiones tuyas tan generosas e intersantes. ¡Vuele un abrazo desde Caracas hasta las hermosas niñas-islas Canarias!