Miguel Mercurio
Poeta recién llegado
Ilustra el epílogo de la tarde
una acuarela azul y anaranjada
y prendida en ella tu ausencia me arde.
Ya no se unen mi vista y tu mirada
en la flamante y mestiza pupila
de joviales colores salpicada.
Ya no está tu cabello que destila
una fragancia agradable y sedosa,
dulce ambiente de velada tranquila.
Se fue de mis mudos labios tu hermosa
boca de gruesas puertas de carmín
y dinteles de perfilado rosa.
Y alejándose de mi gris jardín
se pierde en el horizonte tu esencia
y horrorizado contemplo mi fin.
Rodean mi piel briznas de demencia
avivando este pavoroso fuego
donde me consumo y grito en tu ausencia,
¡regresa, vuelve a apagarme te ruego!
una acuarela azul y anaranjada
y prendida en ella tu ausencia me arde.
Ya no se unen mi vista y tu mirada
en la flamante y mestiza pupila
de joviales colores salpicada.
Ya no está tu cabello que destila
una fragancia agradable y sedosa,
dulce ambiente de velada tranquila.
Se fue de mis mudos labios tu hermosa
boca de gruesas puertas de carmín
y dinteles de perfilado rosa.
Y alejándose de mi gris jardín
se pierde en el horizonte tu esencia
y horrorizado contemplo mi fin.
Rodean mi piel briznas de demencia
avivando este pavoroso fuego
donde me consumo y grito en tu ausencia,
¡regresa, vuelve a apagarme te ruego!