Isabel Miranda de Robles
Poeta que considera el portal su segunda casa
TU IMAGEN
TU IMAGEN
Nada más déjame recordarte,
no le hace que tú ya no me quieras,
mi corazón no te pide nada,
me conformo con ser
tan poquita cosa en tu vida.
Dame permiso nomás
de disponer de tu recuerdo,
lo mismo en mi cuaderno
que en un vaso de vino.
Será un placer morir por tu amor,
no te molestes en sentir
pena por mí,
que yo no siento dolor.
Para seguir amándote
no necesito estar a tu lado,
ni ser lo que tú soñaste;
yo te llevo aquí, muy dentro
sin que necesite que me quieras
y sin que lo entiendas.
Me gusta tu imagen
para clavarla en mi memoria
como lo más hermoso
que mis ojos han visto
y estoy segura
que, con evocar tu imagen
hallaré la cura de cualquier mal
que a mi vida se asome.
Nada más déjame recordarte,
no le hace que tú me olvides;
yo no aspiro a hacerte falta
ni a que me recuerdes;
pero no me niegues el placer
de conservarte como un tesoro
dentro de mi ser.
A mí no me importa
la clase de amor
que por mí sintieras
bastó para que posaras
sobre los míos tus labios
y para que mi piel despertara
al divino goce del placer.
Así conocí yo el amor
y no me importa si es o no es,
a mí me pareció
que el paraíso fue hecho para mí,
lo mejor que en mi camino
Dios ha puesto
y Él ha de saber por qué.
Yo no busco explicaciones
ni respuestas pido a la felicidad,
que por su gusto,
a mis manos vino.
Yo la vivo y la libero
cuando decide irse…
La aprisiono, sí,
en un poema, en una canción.
Por eso quiero cerrar mis ojos
y grabarme tu rostro,
en el sitial de honor
de mi memoria.
Quiero enmarcarte
y hacerte ocupar
la pared a la que el sol
nunca niegue su luz.
Habrá mil gentes que recordar;
pero tú tienes que ser:
la más importante de todas.
-ISABEL MIRANDA DE ROBLES
Agosto 7/1995
TU IMAGEN
Nada más déjame recordarte,
no le hace que tú ya no me quieras,
mi corazón no te pide nada,
me conformo con ser
tan poquita cosa en tu vida.
Dame permiso nomás
de disponer de tu recuerdo,
lo mismo en mi cuaderno
que en un vaso de vino.
Será un placer morir por tu amor,
no te molestes en sentir
pena por mí,
que yo no siento dolor.
Para seguir amándote
no necesito estar a tu lado,
ni ser lo que tú soñaste;
yo te llevo aquí, muy dentro
sin que necesite que me quieras
y sin que lo entiendas.
Me gusta tu imagen
para clavarla en mi memoria
como lo más hermoso
que mis ojos han visto
y estoy segura
que, con evocar tu imagen
hallaré la cura de cualquier mal
que a mi vida se asome.
Nada más déjame recordarte,
no le hace que tú me olvides;
yo no aspiro a hacerte falta
ni a que me recuerdes;
pero no me niegues el placer
de conservarte como un tesoro
dentro de mi ser.
A mí no me importa
la clase de amor
que por mí sintieras
bastó para que posaras
sobre los míos tus labios
y para que mi piel despertara
al divino goce del placer.
Así conocí yo el amor
y no me importa si es o no es,
a mí me pareció
que el paraíso fue hecho para mí,
lo mejor que en mi camino
Dios ha puesto
y Él ha de saber por qué.
Yo no busco explicaciones
ni respuestas pido a la felicidad,
que por su gusto,
a mis manos vino.
Yo la vivo y la libero
cuando decide irse…
La aprisiono, sí,
en un poema, en una canción.
Por eso quiero cerrar mis ojos
y grabarme tu rostro,
en el sitial de honor
de mi memoria.
Quiero enmarcarte
y hacerte ocupar
la pared a la que el sol
nunca niegue su luz.
Habrá mil gentes que recordar;
pero tú tienes que ser:
la más importante de todas.
-ISABEL MIRANDA DE ROBLES
Agosto 7/1995
Última edición: