Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
Hoy no escucho tu voz,
los ecos del tiempo
la tienen,
el tiempo se quedó
con todo lo que era
mío,
solo el mar se quedó
en mis ojos,
el mar y los barcos,
los barcos y el mar
en una ventana olvidada.
Como una tímida campanita
viene tu nombre a despertarme
entre la niebla,
cuando llora la noche
por ser noche
y por ser lluvia de soledad,
tu nombre…
tu nombre
como una tímida campanita
se cuela en mi silencio
y con un tic tac
de reloj lejano,
siembra la angustia en mis párpados.
Se queda mariposeando
tu nombre
entre los girones y las guirnaldas
de un viejo amor,
haciendo guiños en medio
de las cortinas,
y aterrizando en mi velador,
a veces
río de olvido,
con esa risa llanto
que espera su erupción
en mi garganta,
esa que quema en las sienes
y aprieta los dientes,
esa que convierte
a la almohada en pañuelo.
Como una tímida campanita
se cuela en mi silencio
y con un tic tac
de reloj lejano
siembra la angustia en mis párpados,
tu nombre,
se lo llevaron los barcos
que no volvieron,
esos barcos que se hundieron
sin rumbo,
en tu silencio
y el mío.
Yo me quedo con lo mío
y tu nombre mariposeando
en mis noches,
y solo una cosa te quisiera preguntar,
¿Has vuelto a ver el mar con los mismos ojos de antes?
Yo
eso,
no lo puedo contestar.
los ecos del tiempo
la tienen,
el tiempo se quedó
con todo lo que era
mío,
solo el mar se quedó
en mis ojos,
el mar y los barcos,
los barcos y el mar
en una ventana olvidada.
Como una tímida campanita
viene tu nombre a despertarme
entre la niebla,
cuando llora la noche
por ser noche
y por ser lluvia de soledad,
tu nombre…
tu nombre
como una tímida campanita
se cuela en mi silencio
y con un tic tac
de reloj lejano,
siembra la angustia en mis párpados.
Se queda mariposeando
tu nombre
entre los girones y las guirnaldas
de un viejo amor,
haciendo guiños en medio
de las cortinas,
y aterrizando en mi velador,
a veces
río de olvido,
con esa risa llanto
que espera su erupción
en mi garganta,
esa que quema en las sienes
y aprieta los dientes,
esa que convierte
a la almohada en pañuelo.
Como una tímida campanita
se cuela en mi silencio
y con un tic tac
de reloj lejano
siembra la angustia en mis párpados,
tu nombre,
se lo llevaron los barcos
que no volvieron,
esos barcos que se hundieron
sin rumbo,
en tu silencio
y el mío.
Yo me quedo con lo mío
y tu nombre mariposeando
en mis noches,
y solo una cosa te quisiera preguntar,
¿Has vuelto a ver el mar con los mismos ojos de antes?
Yo
eso,
no lo puedo contestar.
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