cesar curiel
Poeta que considera el portal su segunda casa
Fueron gratos tiempos, en que viendo
tus ojos bellos abriéndose como una flor,
fue de dicha y alborozo que teniendo tu mirada
me causara gran satisfacción.
Me sacaste de un desierto
donde solo viera pájaros muertos
y las golondrinas de tu llanto
fueron para mí un desastre en mi interior.
Busque consuelo al no verte
y entre lágrimas y quejidos de mi mente
salieron los mares sin control;
mis ojos guardaron como presas
cual retenes en mis dientes, que solo se apretaban
para no morder más el dolor.
Jure buscarte por la tierra, donde quiera que estuvieras
y los peces brincando trayendo recuerdos de tu voz;
aquella magia que pintaste sola por la casa
y escuchar tus murmullos por poco
me hacen perder la razón.
Miro y observo tus juguetes, las muñecas
que miran las paredes y lloran en su interior,
las sonajas ya marchitas, las que aguardan muy solitas
y esperan ser movidas para alegrarte el corazón.
Se perdieron los planetas, y con ellos el arrullo de tus sueños,
de las risas que movían cada estrella y fueras tú la mejor,
de ver cada mañana, la esperanza a que mi vida fuese amor,
la excusa que buscaba y la tuve cara a cara
y fue por corto tiempo el tenerte, lo que me hizo sentir mejor.
Busque en los cristales de la noche, cuando ausente vi mi sombra
reflejada en un salón,
llore con tu recuerdo atormentado por mi mente
que no hace cosa alguna que morir en un rincón;
pensando en tus ojitos como me miraban antes
que ocurriese lo peor.
Tú partida fue mi muerte, con tu foto aguardo solo ver
fantasmas en mi interior, brindando por el tiempo
a que este pase y me quite este mal de amor, que me lleve
sin retorno a un lugar donde no exista el dolor.
tus ojos bellos abriéndose como una flor,
fue de dicha y alborozo que teniendo tu mirada
me causara gran satisfacción.
Me sacaste de un desierto
donde solo viera pájaros muertos
y las golondrinas de tu llanto
fueron para mí un desastre en mi interior.
Busque consuelo al no verte
y entre lágrimas y quejidos de mi mente
salieron los mares sin control;
mis ojos guardaron como presas
cual retenes en mis dientes, que solo se apretaban
para no morder más el dolor.
Jure buscarte por la tierra, donde quiera que estuvieras
y los peces brincando trayendo recuerdos de tu voz;
aquella magia que pintaste sola por la casa
y escuchar tus murmullos por poco
me hacen perder la razón.
Miro y observo tus juguetes, las muñecas
que miran las paredes y lloran en su interior,
las sonajas ya marchitas, las que aguardan muy solitas
y esperan ser movidas para alegrarte el corazón.
Se perdieron los planetas, y con ellos el arrullo de tus sueños,
de las risas que movían cada estrella y fueras tú la mejor,
de ver cada mañana, la esperanza a que mi vida fuese amor,
la excusa que buscaba y la tuve cara a cara
y fue por corto tiempo el tenerte, lo que me hizo sentir mejor.
Busque en los cristales de la noche, cuando ausente vi mi sombra
reflejada en un salón,
llore con tu recuerdo atormentado por mi mente
que no hace cosa alguna que morir en un rincón;
pensando en tus ojitos como me miraban antes
que ocurriese lo peor.
Tú partida fue mi muerte, con tu foto aguardo solo ver
fantasmas en mi interior, brindando por el tiempo
a que este pase y me quite este mal de amor, que me lleve
sin retorno a un lugar donde no exista el dolor.