Quinto Brena
Poeta adicto al portal
Tu silencio es a veces tal real, tan espeso,
que parece que pudiera ahí mismo tocarlo,
como toco tus manos de alabastro,
como siento el batir de las alas del viento.
Y se vuelve tu mirada como una luz perdida,
que se va en un soplo frío,
después de partir en dos mi corazón,
hasta que la música de su latir se vuelve
como un canto desesperado.
Te siento cercana.
Eres las hojas de un árbol.
Me quema el brillo de tu verde que palpita.
Cae sobre mis manos tu agua vital.
Te quise así, entregándome tu vida;
te quiero hoy aunque ya no estás.
No deseo tu silencio. Y si lo quiero.
Porque aún tu silencio me habla.
Porque las palabras a veces son distantes,
y el silencio tan cercano,
que se siente en mis venas como mi misma sangre,
tan básico en tu ausencia como el aire,
tan sentido como los besos que lo rompen.
Tú llegas y te vas.
Pasan sobre mí tus recuerdos, y me cubren,
como cubren a las gaviotas sus espesas plumas.
Con ellas vuelo. Extiendo unas alas
que me llevan más allá de tí,
más allá de las playas donde se grabaron nuestros pies,
y nuestras manos se hundieron juntas
en las húmedas arenas.
Llegas, y te vas.
Te llevas mi vida en una mano,
como un racimo de suspiros.
Llegas y te vas, y solo queda de tí
tu decidido silencio.
que parece que pudiera ahí mismo tocarlo,
como toco tus manos de alabastro,
como siento el batir de las alas del viento.
Y se vuelve tu mirada como una luz perdida,
que se va en un soplo frío,
después de partir en dos mi corazón,
hasta que la música de su latir se vuelve
como un canto desesperado.
Te siento cercana.
Eres las hojas de un árbol.
Me quema el brillo de tu verde que palpita.
Cae sobre mis manos tu agua vital.
Te quise así, entregándome tu vida;
te quiero hoy aunque ya no estás.
No deseo tu silencio. Y si lo quiero.
Porque aún tu silencio me habla.
Porque las palabras a veces son distantes,
y el silencio tan cercano,
que se siente en mis venas como mi misma sangre,
tan básico en tu ausencia como el aire,
tan sentido como los besos que lo rompen.
Tú llegas y te vas.
Pasan sobre mí tus recuerdos, y me cubren,
como cubren a las gaviotas sus espesas plumas.
Con ellas vuelo. Extiendo unas alas
que me llevan más allá de tí,
más allá de las playas donde se grabaron nuestros pies,
y nuestras manos se hundieron juntas
en las húmedas arenas.
Llegas, y te vas.
Te llevas mi vida en una mano,
como un racimo de suspiros.
Llegas y te vas, y solo queda de tí
tu decidido silencio.