Damita
Poeta recién llegado
[FONT="]
Acostumbras a ir y venir de mi vida por temporadas, llegas en esos momentos malos y grises, llegas a abrazarme y a besarme, a darme la compañía que tanta falta me hace, pasas a ser mi mejor amiga y entonces entre un millón de personas estas tú, allí, sólo tú, junto a mi. Eres quien me hace el amor en esas interminables noches, son tus dedos los que acarician mi cuerpo, mi sexo, mi alma.
Eres tú quien me escucha y es a ti a quien le escribo, me ves llorar en ocasiones cuando no puedo mas, no dices nada, no me reclamas, me observas y me apoyas hasta que tu misma mis lagrimas secas, me haces reír y me levantas. Compartimos todo, yo con miedo a acostumbrarme a ti, tu incondicional como siempre, nunca dices no puedo, no dices nada, tanto que necesito a veces tus palabras de aliento y me desespero pues no las encuentro.
Eres la que lee lo que escribo y lo que leo, eres quien se sienta a mi lado en el cine, la que acaricia mi rostro con dulzura y me dices: te ves linda pequeña, te invito un café y allí estarás. Tú, sólo tú, acompañándome, nadie te ve pero allí estas, bella como no, sublime y divina, comprensiva, pero callada, tenebrosa y peligrosa, eres para mi como un arma de doble filo, resultas en ocasiones venenosa.
Y un día te vas, sin explicación, sin avisar, sin despedirte, te vas, tu lugar lo ocupará otra y sí ella se ausenta vendrás de nuevo como ahora, hasta que ella decida volver y tu SOLEDAD nos observes desde lejos esperando el momento para ser mi acompañante fiel, aunque a ella no la quiera perder.
Damita
Acostumbras a ir y venir de mi vida por temporadas, llegas en esos momentos malos y grises, llegas a abrazarme y a besarme, a darme la compañía que tanta falta me hace, pasas a ser mi mejor amiga y entonces entre un millón de personas estas tú, allí, sólo tú, junto a mi. Eres quien me hace el amor en esas interminables noches, son tus dedos los que acarician mi cuerpo, mi sexo, mi alma.
Eres tú quien me escucha y es a ti a quien le escribo, me ves llorar en ocasiones cuando no puedo mas, no dices nada, no me reclamas, me observas y me apoyas hasta que tu misma mis lagrimas secas, me haces reír y me levantas. Compartimos todo, yo con miedo a acostumbrarme a ti, tu incondicional como siempre, nunca dices no puedo, no dices nada, tanto que necesito a veces tus palabras de aliento y me desespero pues no las encuentro.
Eres la que lee lo que escribo y lo que leo, eres quien se sienta a mi lado en el cine, la que acaricia mi rostro con dulzura y me dices: te ves linda pequeña, te invito un café y allí estarás. Tú, sólo tú, acompañándome, nadie te ve pero allí estas, bella como no, sublime y divina, comprensiva, pero callada, tenebrosa y peligrosa, eres para mi como un arma de doble filo, resultas en ocasiones venenosa.
Y un día te vas, sin explicación, sin avisar, sin despedirte, te vas, tu lugar lo ocupará otra y sí ella se ausenta vendrás de nuevo como ahora, hasta que ella decida volver y tu SOLEDAD nos observes desde lejos esperando el momento para ser mi acompañante fiel, aunque a ella no la quiera perder.
Damita