Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
El momento es perfecto, el cielo danza en
los colores de la tarde.
La playa está vacía y al sol apenas le
quedan unos minutos de vida.
El mar frente mis ojos, yo y mi recuerdo
arropado de soledades.
Que delicia pensarte a estas horas
de la tarde,
con el fulgor de las luces acarameladas del
puerto, pinto cada uno de tus detalles.
Las olas se mecen amando su orilla, beso
a beso la arena sucumbe como
yo en tus brazos.
La brisa me trae de lejos, tu nombre que
tañe como un cencerro dorado.
Cálido, constante y eterno.
Yo y mi recuerdo y este mar florecido para nosotros,
cierro los ojos y vuelo, lejos de aquí.
A giñarte un ojo desde tu estrella favorita.
Porque presiento que la vez, a esta hora
como yo.
Es tu lucero, cual otro, el nuestro.
No sé como quitarme este abrazo y tus besos,
el recuerdo me abriga y me sostengo en tus
ojos, en tu mirada serena y enamorada.
Yo invento aquí tu boca, con los elementos
del atardecer.
Todo fluye, es perfecto, el sol duerme su noche
y yo me acompaño de las olas mansas.
Tengo tu voz envuelta en un pañuelo, aquí
entre mis manos.
Qué dirán esas gaviotas que me miraron, ¿acaso
entienden lo que pasa?
Seguro si entienden contarán que me vieron
con tu recuerdo pintado de tarde,
pensarte.
Y que contengo tu voz en un pañuelo
entre mis manos.
La noche ya me encierra, la bahía ennegrece y
los cerros lucen su fuego, tañe tu nombre
a la distancia y resuena en el oído
verdadero, pleno ,imperecedero.
La última ola me regala el beso que no tengo
y las algas que me deja, me sirven para
imaginar tu pelo.
Yo estaré aquí, donde el mar me regala estas
tardes, ocupado en pensarte, esperando
lo que ahora podemos compartir.
Un pensamiento volando hacia ti
Y nuestro lucero.
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