Tu voz
Por Andrés Amendizabal
Sobre la austeridad de una gran noche,
fulguraban dos sutiles estrellas de amor.
Detrás de cientos de voces,
solamente importaban dos.
Tu sombra acariciaba con dedos cándidos,
el borde enajenado de mi espalda;
el sonido de mi voz se comportaba tímido,
mientras tu boca me hablaba.
Por un instante, te vi junto a mí,
me olvidé de todo y llegó el amor;
probé el aroma de tu cuerpo, te sentí
Mientras oía tu voz.
Muchas cosas pasaron por mi mente en ese pequeño espacio que se abrió por azahares del destino
Miles de esperanzas nuevas resurgieron, un nerviosismo se dejaba notar en el color de voz, mis manos sudaban, mi espalda sufría de espasmos involuntarios, tartamudeaba, me quedaba torpemente en silencio
Reía afónico, suspiraba hondamente
El sólo escuchar tu voz hizo que moviera nubes y abriera el cielo
para que en ese momento, nos imagináramos que a través de la distancia, veíamos el mismo cielo
Bendito sean, esos momentos.
Dedicado con todo el amor que un hombre pueda sentir
Marian González te estoy amando.