Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
sin sospechar los resultados te até
a las consecuencias que hay en cada
huida de los días cuando las noches
se rompen al caer sobre los hombros
al hedor que le nació a tu ciudad
cuando mis pasos se quedaron
estancados al mirar los tuyos alejarse
a las señales de humo del cigarro que
cual puntos suspensivos piden que
regreses
al vació que veo sobre mi hombro
cuando miro que ya no espías mi
mirada al asomarme en el agua fija
del espejo
al reflejo mudo sin mañana del café de
las mañanas
al perfume que Dios le dio como alma
a los hornos cuando cuecen pan de miel
y trigo
a los aleluyas de la vida que se festejan
y se abrazan aunque nada tengas tú que ver
con ellos
al si
al no
a la duda
y la certeza
a la oscuridad y luz que nace
en mi mirada cuando parpadeo
a la tormenta seca en mi vaso de agua
a la dulce sobriedad que pasa lento como
trago amargo
árida
y estéril cual si fuera polvo en la garganta
a la palabra que te di de esperar sin prisas
a que aprendas en la vida de los deslices
y caídas
al templo que te guardo entre mis brazos
cuando sientes que ni dios escucha
en tu palabra el trasfondo de tus rezos
me a até a ti
lunar de cielo
el día que cerré los ojos para mirar tu alma cuando
tú sobre mis piernas apuraste con el corazón
el beso de mis labios que te acía
te até a cada una de mis tardes con el viento de
un suspiro
con la luz de la esperanza que envidia el horizonte
y con la y griega que precede al yo que soy con mis
acciones y al tú que le antecede y que no regresas
porque aún sospechas
que aún no te conoces.
Due 5.1.12 en una tarde matándole con ocio al tedio de las tardes…
a las consecuencias que hay en cada
huida de los días cuando las noches
se rompen al caer sobre los hombros
al hedor que le nació a tu ciudad
cuando mis pasos se quedaron
estancados al mirar los tuyos alejarse
a las señales de humo del cigarro que
cual puntos suspensivos piden que
regreses
al vació que veo sobre mi hombro
cuando miro que ya no espías mi
mirada al asomarme en el agua fija
del espejo
al reflejo mudo sin mañana del café de
las mañanas
al perfume que Dios le dio como alma
a los hornos cuando cuecen pan de miel
y trigo
a los aleluyas de la vida que se festejan
y se abrazan aunque nada tengas tú que ver
con ellos
al si
al no
a la duda
y la certeza
a la oscuridad y luz que nace
en mi mirada cuando parpadeo
a la tormenta seca en mi vaso de agua
a la dulce sobriedad que pasa lento como
trago amargo
árida
y estéril cual si fuera polvo en la garganta
a la palabra que te di de esperar sin prisas
a que aprendas en la vida de los deslices
y caídas
al templo que te guardo entre mis brazos
cuando sientes que ni dios escucha
en tu palabra el trasfondo de tus rezos
me a até a ti
lunar de cielo
el día que cerré los ojos para mirar tu alma cuando
tú sobre mis piernas apuraste con el corazón
el beso de mis labios que te acía
te até a cada una de mis tardes con el viento de
un suspiro
con la luz de la esperanza que envidia el horizonte
y con la y griega que precede al yo que soy con mis
acciones y al tú que le antecede y que no regresas
porque aún sospechas
que aún no te conoces.
Due 5.1.12 en una tarde matándole con ocio al tedio de las tardes…
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