Megara900
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y pensarte, niña mía,
ahora que el frío desvela
el ocre marfil de las montañas
como faros invisibles
diástoles agónicas de la era.
Nosotros,
que comenzamos aquí el viaje
de los caracoles
y de la tierra
venimos de conocernos
en las grietas espesas
de nuestro cansacio
en la amarga miseria
de nuestros años.
Vengo de decir
tu nombre en el silencio
de sofocar el murmullo
de mis rosales que cantan
la verde tristeza.
Soñarte ahora, niña
que llevo el éter de tus labios
retransmitido en cada alga
adormecida de mi cererebro.
Es que nunca supe deshacerme
del rumor menguante
de tu sonrisa.
Te recuerdo así,
quebradiza e incierta
inalterable y ajena.
Dueña de lo imposible
soberana irracional
de mis venas.
¿Se llamaba Helena, no?
y tenía un espejo grande...
casi infinito
donde dormían las aves.
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