Nelson Garay

Poeta recién llegado
Estaba sentado aquel pobre hombre,
sin esperanza, sin sueños, sin nada,
sin motivos, para reír,
para soñar, para vivir, para ser feliz,
su languidecer era infame, mórbido, inexpresable,
su aspecto humano
se perdía entre la sombra de su mirada,
era infeliz y no le importaba aceptarlo,
su mente era inhóspita, salvaje, cruel,
desoladora,
sus pensamientos eran absurdamente tristes, sollozos, torturizantes,
25 años tenia pero parecían décadas vividas
por su melancólica vida
llena de fracasos, humillaciones, y hasta cierto punto miserables,
decidió aislarse de cualquier ser inclusive de èl mismo
pero su intento fue en vano
ya que la soledad
lo acompañaba en su agonizante
y profana vida,
él estaba vivo no porque quería vivir
si no por el simple hecho
que su cuerpo no deseaba morir,
le gustaba pasear en las noches
por los pasillos de los lamentos
a contemplar la luna
y a esperar la lluvia escasa
para poder llorar sin notarse sus lágrimas,
era deplorable ver a ese tipo
sin sentirle lastima,
componía poesía musical y dibujaba agonía en sus letras,
le murmullaba al silencio
para sentir el eco de sus terribles palabras,
vivía solo nadie podía detener su determinación,
ya había escrito su propio final,
ya no, sentía nada, ya no quería nada
ya no sabia nada,
era agosto y ya no podía esperar más
sus nervios habían muerto
sus emociones habían sido desconectadas
su cuerpo ya no quería sentir nada,
ya había escrito su carta de despedida
y la había guardado
en su antigua guitarra
la única que nunca lo abandono jamas,
tenia pólvora encapsulada
en el revolver plateado
que lo devolvería a su antiguo origen
del caos existencial,
salio a dar una vuelta
para despedirse de la luna
y darle gracias al bosque
que recibiría su cuerpo como abono natural,
de un momento a otro
recordó a su familia
y no le importo dejarlos solos
ante fatal letanía,
había llegado la hora
de su desenlace fatal,
se sentó debajo del árbol mas viejo
de aquel pequeño bosque
que lo había acompañado
durante todo ese encierro total,
saco a su verdugo grisáceo
lo sostuvo en su mano derecha
y admiro su tan compleja estructura,
suspiro entre los gritos ahogados de su corazón,
cerro sus ojos y dijo
"lo vivo muerto esta"
apretó el gatillo
era un 29 de agosto cuando
escucho la bala en pleno concierto brutal,
y recordó toda su detestable vida
en un solo segundo,
abrió sus ojos vio algo rojo
que se deslizaba por su famélica cara,
pensó estar muerto,
ante la falta de movimiento corporal
pero no era sangre
lo que colgaba de su cabeza,
era el cabello rojizo de la persona que lo abrazaba
amorosamente sin pensar
que ella lo había salvado.
 
Última edición:
¡Quién como él, Nelson... quién como él... una pelirroja, nada más ni nada menos.

Siempre soñé con pelirrojas y nunca tuve la oportunidad de conocer una de ellas, ni mucho menos que me salve...

Amigo, me gusta y disfruto de tus versos. Que estés bien.

Te envío un gran abrazo.
 

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