Gonvedo
Poeta asiduo al portal
Al borde de tus párpados
enmudece la noche,
que en sus alas templa mis temores.
Una luz ingrávida asoma a tus pupilas
como un sueño de música concreta.
Tu mirada se derrama
en un resplandor de óleo
recamado por ímpetus de ola.
En su quietud de dársena de silencio,
de ara de fuego consumida,
la noche cede en su ciega lasitud
al familiar abrazo y al beso repentino.
Dejo así, ya tu vencida, que mi tacto
adivine el secreto misterio de tus nombres.
Mis manos, libélulas inquietas,
como un rumor de agua quebrada
buscan, en el trasluz de tu cuerpo,
como un pez transparente,
el delta llameante de tus lunas
de plata arrasada.
Pegadas firmamente a tu costado
hallo tus cuatro esquinas y mis vidas de gato.
enmudece la noche,
que en sus alas templa mis temores.
Una luz ingrávida asoma a tus pupilas
como un sueño de música concreta.
Tu mirada se derrama
en un resplandor de óleo
recamado por ímpetus de ola.
En su quietud de dársena de silencio,
de ara de fuego consumida,
la noche cede en su ciega lasitud
al familiar abrazo y al beso repentino.
Dejo así, ya tu vencida, que mi tacto
adivine el secreto misterio de tus nombres.
Mis manos, libélulas inquietas,
como un rumor de agua quebrada
buscan, en el trasluz de tu cuerpo,
como un pez transparente,
el delta llameante de tus lunas
de plata arrasada.
Pegadas firmamente a tu costado
hallo tus cuatro esquinas y mis vidas de gato.