Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
En esta siungular Ciudad de cuadras desmesuradas,
Cada amanecer corro veloz detrás de mi amada,
que en un periquete se me adelanta un kilómetro.
Lo impensable es que a mí me impulsa el amor y a ella
la retropropulsión,
pero, a pesar de su velocidad sónica nunca
cejaré la tenaz persecución.
Mi motivo es un gran beso matinal, único modo
de conservar nuestro acendrado amor.
Mi propio desafío me dicta: en cuanto le de alcance
succionaré sus dulces labios de frambuesa.
Muchas veces caigo abatido. Otras apelo al grito de
Tarzan.¡ Ojalá estuviese en la Selva y me ayudasen
las llanas!
Mi amada conocedora de esos gritos suele ceder.
Este empecinamiento puede más que sus saltos
de Canguro, pues despierta su compasión.
Debo decir sonrojado que aquel beso y su rostro
radiante me dieron la razón.
Cada amanecer corro veloz detrás de mi amada,
que en un periquete se me adelanta un kilómetro.
Lo impensable es que a mí me impulsa el amor y a ella
la retropropulsión,
pero, a pesar de su velocidad sónica nunca
cejaré la tenaz persecución.
Mi motivo es un gran beso matinal, único modo
de conservar nuestro acendrado amor.
Mi propio desafío me dicta: en cuanto le de alcance
succionaré sus dulces labios de frambuesa.
Muchas veces caigo abatido. Otras apelo al grito de
Tarzan.¡ Ojalá estuviese en la Selva y me ayudasen
las llanas!
Mi amada conocedora de esos gritos suele ceder.
Este empecinamiento puede más que sus saltos
de Canguro, pues despierta su compasión.
Debo decir sonrojado que aquel beso y su rostro
radiante me dieron la razón.
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