Darkshade
Poeta adicto al portal
…tus manos también oscurecieron
junto con la ventana, el clavel y el cartón;
hiciste trizas mis ramas,
-y el río es devorado sólo por quien parió dientes-.
No me extraña si te sangras,
ardidamente,
por la nariz… No me extraña
si en el bosque conjuras con el pez,
con la cebra de dos cabezas o con el león.
Incluso mueres, entre mis llagas
te extingues, corazón.
Fui penumbra entre tu vientre,
pozo sin fondo de mi dolor caucásico,
de mis amarillas venas,
de mi olvidado… De mi olvidado…
Y mi risa
se hace de tus cortinas
-casi al azar- como un nacimiento,
otro despertar…
Tus manos también oscurecieron
junto mataduras de buena espalda;
hiciste trizas mis poros,
hasta mis madrugadas, mis buenos días, mi cotidianidad.
Y te quedas, por pasar
de a toque con el cristofué
que me engaña los sentidos,
que me baila y me canta cada vez que nace el sol...
Que tus ojos se desgastan,
se calzan, los suyos de trotar,
y se van…
¡Vuélame de un suspiro!
Vuélame tus gemidos a media noche,
vuélame tu mano junto a la mía.
…tus manos también oscurecieron
luego de palpar éstas, las mías;
las tecladas, las rotas, las de alquitrán,
las que lloran sangre,
las que se amargan con tu partida…
¡Y báilame, serpiente de dos cuerdas, báilame!
Aunque me duela el estómago,
aunque mañana te olvide,
aunque otra pose luego su boca sobre tu ombligo…
De media luz báilame,
por favor, bella mía…
Madeline Conde.
19/07/2010.
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