iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tus ojos diabòlicos se refractan en la noche
y tu voz hace eco
en el laberinto sinuoso de la voz.
Cantas tu himno de ultratumba,
convocas a las bestias nocturnas
y tu contorno se desdibuja tras las sombras
tras el miedo, la agonìa y las brumas.
Diluyes tu escencia siniestra
en el espeso manantial de la locura.
Vienes a mi en sueños,
en telarañas umbrosas,
en lapsos de convulsiones.
Vienes a mì con el Diablo en la boca,
con el beso màs terrible y eterno.
Vienes a mì y me nombras
en quinientas lenguas,
hasta fragmentar mi nombre
y no saber si soy sonido o letras.
Vienes a mì con los ojos abyectos,
perturbado por la furia,
nublado de odio,
hundido en el sopor de la lujuria.
Me haz arrastrado a tì,
me haz llevado contigo
a este infierno putrefacto.
Estoy aquì, ciega y condenada
esclavizada a tus pies
esperando al infinito
agonizando, eternamenta lacerada.
Y tu solo me nombras sin piedad
destrozando cualquier esperanza almacenada.
y tu voz hace eco
en el laberinto sinuoso de la voz.
Cantas tu himno de ultratumba,
convocas a las bestias nocturnas
y tu contorno se desdibuja tras las sombras
tras el miedo, la agonìa y las brumas.
Diluyes tu escencia siniestra
en el espeso manantial de la locura.
Vienes a mi en sueños,
en telarañas umbrosas,
en lapsos de convulsiones.
Vienes a mì con el Diablo en la boca,
con el beso màs terrible y eterno.
Vienes a mì y me nombras
en quinientas lenguas,
hasta fragmentar mi nombre
y no saber si soy sonido o letras.
Vienes a mì con los ojos abyectos,
perturbado por la furia,
nublado de odio,
hundido en el sopor de la lujuria.
Me haz arrastrado a tì,
me haz llevado contigo
a este infierno putrefacto.
Estoy aquì, ciega y condenada
esclavizada a tus pies
esperando al infinito
agonizando, eternamenta lacerada.
Y tu solo me nombras sin piedad
destrozando cualquier esperanza almacenada.